La iniciativa de exhibir por las calles de la Capital Federal un gran cuadro con la imagen de la Difunta Correa, realizada por el pintor argentino Tiziano Fabris, no sólo ha cumplido con el objetivo de promocionar una obra de gran valor artístico, sino que ha contribuido al conocimiento de los porteños sobre esta creencia popular, que tiene epicentro en nuestra provincia, en el paraje Vallecito, departamento Caucete donde está el oratorio de Deolinda Correa, uno de los principales atractivos turísticos de San Juan.

La forma en que el cuadro fue trasladado desde la Casa de San Juan en Buenos Aires hasta el Centro Cultural "Paco Urondo", escoltado por un grupo de granaderos, por pleno centro porteño, hizo que la gente se preguntara quién era la mujer que estaba retratada descubriendo algunos, por primera vez, el mito de la Difunta Correa. Para quienes ya la conocían, la presencia de la imagen ratificó la trascendencia de esta creencia popular al haber servido de inspiración a un artista nacional.

Precisamente, el pintor Fabris se inspiró en el significado de la vida y pasión de Deolinda Correa, quien en 1830 intentó cruzar un amplio desierto, camino a La Rioja, siguiendo a las fuerzas militares que habían reclutado a su marido. También tuvo en cuenta la obra pictórica de Juan Blanes, quien en "Un episodio de fiebre amarilla en Buenos Aires" retrata a una madre muerta y un niño apoyado en su pecho buscando alimento. Con esos elementos conjugados el artista produjo esta pintura que ha logrado gran admiración y aceptación.

De acuerdo a lo previsto, el cuadro estará expuesto en el Centro Cultural hasta el 24 de noviembre. A partir de esa fecha el autor se reunirá con el director del "Paco Urondo"; de la carrera de Arte de la Facultad de Filosofía Humanidades y Artes de la Universidad de Buenos Aires, y directivos del museo dedicado a la Difunta Correa en Caucete, para determinar la ubicación definitiva.

Esto último contribuirá a sumar un nuevo atractivo a un ámbito al que las obras pictóricas-religiosas como la de Fabris, le aportan un valor adicional propio del arte. Conjugar lo turístico con la fe y el arte es una excelente fórmula para que Vallecito y el oratorio de la Difunta Correa, siga creciendo no solo en servicios sino también en lo referido a su significado espiritual, que hacen que este lugar sea visitado cada año por cientos de miles de personas.