El hecho de no querer la "mexicanización" de Argentina, tal cual lo expresara el papa Francisco, hace algunos días, ha generado cierta inquietud en las autoridades mexicanas, que no se condicen con el sentir del pueblo de ese país. Ocurre que los propios mexicanos están consientes del problema de la criminalidad a cargo de la delincuencia organizada, y de la no organizada también, y de otros problemas sociales que están afectando al país azteca. La inseguridad originada en el narcotráfico y otros hechos delictivos, que altera en forma permanente la paz del país es motivo de una preocupación permanente y alarmante, por lo que si alguien dice que no quiere ver a su patria "mexicanizada", los mexicanos entienden muy bien de qué se trata, y no se ofenden. En este caso, distintos sectores de la vida nacional de México han avalado la preocupación del Santo Padre por su país de origen.

Durante años, en el mundo, y por tanto en México, se habló de la necesidad de evitar la "colombianización" del país. Y a nadie le molestaba, ni siquiera a los sufridos colombianos que conocían su realidad. Los únicos que se mostraron incómodo con ese calificativo fueron las autoridades de Colombia que se sentían expuestas a la crítica por la criminalidad existente, la que luego fue disminuida considerablemente, casi hasta desaparecer.

Por lo expresado no puede el Gobierno mexicano acusar a Bergoglio de nada, ni tampoco reclamarle en nombre de millones de mexicanos que conocen bien la realidad de su país. Se dice que "la verdad no peca, pero incomoda", lo que quiere decir que se debe ser sincero en todos los ámbitos de la vida, aceptando las críticas constructivas que se hacen con el afán de ayudar.