La última Encuesta de Población Activa publicada por el Instituto Nacional de Estadística de España indica que el número de personas que carecen de trabajo asciende a 4.910.200, lo que arroja una tasa del 21,29% de desempleo.

Actualmente son 1.386.000 familias con todos sus miembros sin trabajo y la desocupación juvenil supera el 50% en varias comunidades. Como réplica agónica frente a esta situación, el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero ha puesto en marcha una regularización de empleo sumergido, mediante una amnistía a los empresarios defraudadores para intentar mitigar la evolución del desempleo. Pero, al margen de que es un agravio para los empleadores legales, entraña un mensaje poco aceptable de relativización de una realidad que azota a un número cada vez mayor de españoles. La triste realidad del mercado laboral se mezcla con una amenaza inflacionaria y cuya estimación se sitúa alrededor del 3,5 por ciento. La suma de estas dos variables, paro e inflación, configura un índice de pobreza cercano al 25%, situando a España como un peligro que amenaza la economía europea.

En los tres primeros meses de 2011 ya son 14.108 los españoles que han emigrado. La cifra es significativa si se la compara con el número de ciudadanos que regresaron desde el extranjero en el mismo período: 7.875, es decir, casi la mitad, lo que arroja un saldo de 6.234 españoles más por el mundo que se han visto obligados a dejar su tierra natal buscando prometedores horizontes. Mientras que aumenta la morosidad de las familias y las empresas, que siguen sin recibir financiación bancaria; el Tesoro coloca su deuda, pero a intereses crecientes.

España se muestra con un notable retraso en lo económico y en lo político, sufriendo un considerable desgaste social. Lo que ha representado el Gobierno del PSOE para España es la expropiación del futuro y de las ilusiones. Las argucias políticas y los pactos con los nacionalistas sólo benefician al Gobierno para conservar el poder, pero no para gobernar una nación que se encuentra viviendo una aguda crisis. Este es el retrato de un país instalado en una tendencia de empobrecimiento, que quiebra la línea constante de riqueza que se había mantenido en los últimos treinta años.