Las diferentes oleadas inmigratorias provenientes de España, y que luego se asentaron en suelo sanjuanino. fueron portadoras de una serie de costumbres y usanzas que, lejos de desaparecer, continuaron estando presentes en la nueva vida que tuvieron que emprender.
Estos hábitos que luego fueron transmitidos a nuevas generaciones, aun siguen vigentes en sus vidas cotidianas, siendo útiles en cierta medida, no solo para conservar la identidad cultural, sino también como un medio de subsistencia.
En general, el conjunto de inmigrantes españoles que se radicaron en San Juan, traían consigo una disciplina cultural del trabajo, especializada en tareas agrícolas, faenas que aprendieron en la dura existencia que sobrellevaron en sus lejanos cortijos. En éstos grupos sociales observamos como las relaciones de parentesco y también los vínculos basados en su procedencia étnica o cultural común, se mantienen o refuerzan a través de las normas de reciprocidad social. Esta reciprocidad es una relación social que liga a una persona o familia con otra, incluso con otros grupos sociales y se basa principalmente en le intercambio de bienes y servicios realizado entre ambas partes. En el caso de los típicos carneos españoles, observamos notoriamente ésta norma. Resulta corriente que un pariente o amigo ofrezca sus servicios a sus pares a voluntad, en alguna tarea típica del carneo, como puede ser el aliño. A posterior, un integrante de la familia servida "devuelve" ese favor, realizando una tarea análoga, además de obsequiarse unos a otros sabrosos embutidos, llamados comúnmente "brindis". Esta ayuda mutua para ellos es un compromiso moral.
Otra ocasión que refleja la reciprocidad es en el momento de elaborar las típicas salsas de tomates. En ésta ocasión se presta un servicio a cambio de otro igual. Igualmente en eventos sagrados, la reciprocidad está presente, como en el "Culto al Santo Cristo".
