Una de las causas de la inseguridad, reflejada en la crónica policial, es la reincidencia de los delincuentes condenados que vuelven a la marginalidad tras cumplir las condenas, o bien aprovechan las salidas transitorias para atacar, poniendo al descubierto la imposibilidad del Estado para recuperar al presidiario. Las fallas del sistema es creciente porque se ha comprobado un mayor accionar del reincidente, lejos de los objetivos de resocialización del interno establecidos en la legislación.
En las cárceles bonaerenses, las más pobladas del país, el promedio de permanencia en prisión de un detenido es de 9 años, tiempo insuficiente para rehabilitarlo en la enseñanza de un oficio u otra especialización que le sirva para una vida digna cuando vuelva a la convivencia normal. El aprendizaje en las cárceles es fundamental pero no hay presupuesto para el funcionamiento pleno de los talleres u otras actividades educativas, con el agravante de que el tiempo ocioso profundizan los resentimientos y la inconducta de quien ocupa los hacinados pabellones.
Esto se refleja en la estadística, ya que prácticamente la mitad de los presos reincide en el delito y vuelve a prisión con cargos muchas veces mayores a los de su primer condena. Concretamente, el 42,65% de los presos regresa a las cárceles bonaerenses. De ellos, el 9,9% lo hace dos veces y el 6,22%, tres o más veces, de acuerdo a los estudios de seguimiento de la Justicia bonaerense.
Se trata de un problema general, con porcentajes similares en todo el país e incrementado durante la última década tanto por el aumento de la delincuencia como por la corrupción y la precariedad funcional del sistema penitenciario, incluyendo en estas apreciaciones a la dependencia del Servicio Penitenciario en nuestra provincia. El proyecto destinado a construir una nueva cárcel para aliviar los actuales problemas del exceso de internos, es consecuencia del desborde y la necesidad de alcanzar una rehabilitación efectiva.
Pero tampoco la Argentina es una excepción, porque el panorama alcanza a toda América latina, con un promedio del 43% de condenados reincidentes en la región. Chile tiene un 52% y la cárcel brasileña de San Pablo con 49% de convictos que vuelven a lugar donde se encontraba antes de ser condenados. Por ello la necesidad de implementar políticas de contención focalizadas en las condiciones sociales a las cuales regresan los condenados al salir libertad.
