Se cumplen hoy 127 años del fallecimiento del gran Maestro de América, Domingo F. Sarmiento, de quien el vicepresidente Carlos Pellegrini, designado por el gobierno de la Nación para recibir sus restos que venían de Paraguay, donde había muerto el 11 de septiembre de 1888, dijo: "Fue el cerebro más poderoso que haya producido América". Fue revolucionario porque rompió la anomia de su tiempo. Lo fue también en sentido personal, porque se atrevió a superar las barreras ideológicas de su época, expresando públicamente las necesidades de la sociedad. Cuando fue presidente, hizo un censo y descubrió que más del 87% de los argentinos de aquella época padecía analfabetismo. Para él, gobernar era educar, y por eso, fundó escuelas, soñando con pueblos instruidos e integrados. Una instrucción para la inclusión y la integración. Fue el primero en comprender que el porvenir de la patria estaba en las aulas. Perteneció a una generación que tenía todo por hacer. Para lograr un país mejor había que modificar varias realidades sociales y cambiar la legislación. Así lo hizo. Las libertades públicas fueron sus banderas, como lo fue la alternancia en el poder por la que había luchado con tanto denuedo y criticado justificadamente a Rosas, quien no se retiró de su cargo. La elevación de la mujer fue tan importante que Sarmiento y Rivadavia son considerados dos estadistas que se destacaron sobre otros de la América española para darle al sexo femenino los beneficios equiparables al hombre. El ingreso de las maestras norteamericanas que trajo a la Argentina fue el semillero de la "maestra normal"; ellas fueron quienes más contribuyeron hasta 1945 en el combate contra el analfabetismo, que cambió el perfil de la sociedad argentina y la diferenció de otras de América latina. Contra tantas adversidades el Sarmiento del siglo XIX fue el visionario del siglo XXI. El Maestro sanjuanino es una de las mayores figuras que ha dado la patria. Y para rubricar estas palabras basta con transcribir un párrafo de su mayor detractor, el historiador Manuel Gálvez, según dice en su libro sobre Sarmiento: "Como ciudadano y como hombre, es evidente que fue un héroe del progreso material y de la cultura popular, un héroe civil tan útil para la patria como los que la defendieron con las armas. A él, le debe mucho nuestra actual grandeza de la que fue uno de sus auténticos constructores. Si Sarmiento no hubiese existido, la Argentina no sería hoy lo que es".
