
La imagen del mundo en que vivimos ha sido cambiada por los arqueólogos. Llegaron a zonas desconocidas abriéndose paso machete en mano alcanzando lugares inaccesibles. Subieron montañas buscando ruinas, santuarios de altura o algún indicio o vestigio de la presencia humana en tiempos pretéritos. Pasaron largas horas intentando reconstruir una pieza de cerámica a partir de pequeños fragmentos. Descubrieron piezas de enorme valor histórico, vasijas, momias, restos de viviendas etc. Hace más de 280 años la existencia de la ciudad de Pompeya era conocida por una reducida cantidad de personas, lo mismo de los etruscos y de nombres como babilonios, asirios o caldeos. Actualmente disponemos información acabada de las pirámides de Gizeh, de la Esfinge con los rasgos del faraón Kefrén, cuya antigüedad se remonta a 4.500 años atrás. Sabemos que los primeros asentamientos como Catal Huyuk se construyeron hace más de 8.500 años. También hemos sabido que las pinturas de las cuevas de Altamira (España) y Lascaux (Francia) debieron esperar más de 15.000 años para ser descubiertas. A Francisco Champollión le debemos la lectura de los jeroglíficos egipcios. Richard Lepsius, filólogo y arqueólogo alemán ordenó la evolución cronológica de la historia de Egipto partiendo de los detalles descubiertos por sus antecesores.
La arqueología pretende reconstruir lo destruido, recrear la existencia de nuestros antepasados perdida en el tiempo. Es trabajo de gabinete y de campo. V.Gordon Childe nos dice: "es una fuente de la historia y no sólo una simple ciencia auxiliar”. A través de los años se comercializan copias de piezas arqueológicas y también originales con las cuales se practica el contrabando. Pero una pieza de museo, si es extraída de su entorno por manos inexpertas, es muda, su valor para la ciencia es relativo si quienes la han sacado no son conocedores de ese entorno. Wheller ha dicho: "el arqueólogo no saca a la luz los objetos, lo que saca a la luz son seres humanos”. En la búsqueda de respuestas cada vez más precisas, deben acudir al auxilio de un conjunto muy amplio de disciplinas que podemos considerar conexas: la Geología, Filología, Antropología Humana, Antropología Física etc.. Como dijera Kurt Benesch: "los arqueólogos buscan restablecer el gran vínculo perdido. Y lo buscan en la imagen de una cultura acabada, en una ciencia que sobrevive a las creaciones del hombre. Buscan el encuentro con aquellos hombres que, desde una cultura aparentemente encerrada, con sus leyes, limitaciones y formas recias, parecen ofrecerle una respuesta; se buscan a sí mismos en un pasado que pueden restaurar dentro de aquel "orden de antes” con bases en las cosas que han encontrado. Cuando lo consiguen, sienten que también el mundo de ellos está en orden.
