La base de la participación de los dirigentes políticos y las agrupaciones o partidos en política es la idea, el razonamiento. El que tiene las mejores ideas y las transmite más claramente, es el que debería lograr la mayor atención. Esas propuestas las ejecutan los que logran mayor apoyo popular, a través del voto. Pero antes del cuarto oscuro hay un proceso de legitimación institucional y político, para evitar que propuestas insulsas o peligrosas ganen el proceso. Si bien la democracia debe garantizar que la participación ciudadana sea lo más amplia posible, también es responsable de ordenar la competencia, de poner reglas, de garantizar que quienes se proponen están al menos en condiciones legales de ejecutar lo que prometen. Luego, si quienes logran la victoria no lo hacen, ya serán los ciudadanos quienes lo reclamen, o no; la democracia también ofrece herramientas para hacer ese control. Probablemente en algunos de los cambios del sistema electoral sanjuanino algunos filtros se hayan ablandado demasiado. Según se conoció hace algunos días, las subagrupaciones que pretendan competir en esta elección podrán compartir avales. Por ejemplo, Marcelo Orrego compartirá avales con Marcelo Arancibia y Sergio Vallejos, por nombrar un par. Lo mismo podrían hacer Sergio Uñac y José Luis Gioja, si lo quisieran, ya que la norma es igual para todos. En la lógica antigua, quien no podía conseguir la suficiente cantidad de avales es porque no supo o no pudo contagiar su idea a la suficiente cantidad de personas y no podría ser candidato. Con este cambio, esa máxima se cae. Cualquiera que tenga el OK del líder del frente puede llegar a una candidatura. Se facilita el negocio de la política frente a la compulsa de ideas, a la seducción de apoyos internos y externos. Llegan los que conviene que lleguen. En términos prácticos, el mismo dirigente que piensa que Orrego puede cambiar San Juan, apoyará (quizás sin saberlo) a Vallejos o Arancibia. Entre los tres no debe haber ni una sola coincidencia política, pero comparten avales. Esto no es una crítica a los opositores, que están utilizando las herramientas que les pusieron en la mesa. Es una crítica al sistema, que no está garantizando que lleguen los mejores, está permitiendo que llegue cualquiera. ¿Vale la pena que llegue cualquiera? ¿Es positivo para el conjunto o es positivo para algunos?
