La historia ha negado la importancia de hechos que ocurrieron y que tienen valor para los tiempos. El rol preponderante de Argentina con motivo de la triste situación que amenazó a España en 1947, sólo puede merecer en el análisis político, el más grande de los elogios y que, precisamente hoy, toman una dimensión extraordinaria que se hace necesario meritar por su significado histórico y por lo que significa para nuestras generaciones presentes y futuras.
Cuando se ha recordado el hecho que llevó a las Naciones Unidas a iniciar el bloqueo de España, después de la Segunda Guerra Mundial, se hace mención a la ayuda argentina que le permitió a los españoles suplir con alimentos de la mejor calidad el hambre de un pueblo sufriente que soportaba una de las crisis más graves de su historia.
La generosidad del gobierno y pueblo argentino no tiene parangón en la historia del mundo, y mucho menos la tiene en la relación de estas dos naciones. Argentina olvidó a los realistas invasores que combatió San Martín y tomó de la historia lo mejor, lo importante. Sin rencores y sin odios, asumiendo el gesto histórico como un deber y le dio tal significación en la valoración de Madre Patria, que sorprendió, incluso, a los propios españoles.
Pero lo que no se ha destacado en esa historia que se escribe a medias, o que estando escrita trasciende tibiamente, es todo lo que puso en juego la República Argentina en esa oportunidad. Si lo pensamos bien, hubiese sido menos problemático, más fácil y muchos menos riesgoso adherir a la resolución de las Naciones Unidas que pretendía el bloqueo e invasión militar al país gobernado por Franco. Sin embargo, en un acto soberano ejemplarizador, el gobierno argentino decidió no sólo su ayuda material a España con alimentos y dinero, sino que se trabajó arduamente y con todo su equipo de gobierno, para persuadir, disuadir, mediar y contagiar a EEUU y a todos los países del mundo, para que asumieran respecto de España una conducta distinta a la que se empeñaban en llevar adelante y se planteó en todos los foros internacionales y en todas las relaciones diplomáticas. El mundo entero conocía la posición argentina. Ni los propios españoles hicieron tanto para salir de la apabullante situación en aquel entonces.
Argentina salvó a España de sanciones y aislamiento de los países más poderosos y en esa estrategia posible evitó errores que la pudiese colocar en situación de beligerancia junto a la nación que ayudaba. Los barcos argentinos que portaban el alimento salvador, recibían amenazas de hundimiento en medio del Atlántico si Argentina continuaba con la postura de ayudar a España. En un acto soberano sin precedente, se ordenó que sus barcos acentuasen los colores argentinos para esgrimirlos con orgullo al firmamento en su tránsito hacia la Península, y aunque "algunos aviones” hicieron simulacros en el cielo libre, la carga llegó bien y sació el hambre de 28 millones de españoles.
Al recordar lo que jamás debió enajenarse y que se conoció con el nombre de Repsol, Telefónica y Aerolíneas Argentinas, cayeron en manos extrañas que administraron durante la crisis argentina de 2001. Estas empresas, en medio de una crisis que se profundizó por las políticas desacertadas y gestiones ineficientes, no demostraron gestos de gratitud o comprensión.
Lo cierto es que cuando se pasa lista, y aunque España hoy padece una crisis profunda, por los menos en sus gestos debió mantener una posición más ponderada.
"ARGENTINA sin rencores y sin odios, asumiendo el gesto histórico como un deber, le dio tal significación en la valoración de Madre Patria que sorprendió, incluso, a los propios españoles.”
