El inversor y ex titular de la bolsa Nasdaq, Bernard Madoff, de 71 años, terminará sus días en la cárcel, tras una vida que lo llevó de las playas de Long Island, donde fue salvavidas, a los salones lujosos de los clubes de golf. Ha sido condenado a 150 años de prisión por una corte de Nueva York, después de admitir su culpabilidad de fraude, falso testimonio y robo en la mayor estafa financiera de la historia por un total de 65.000 millones de dólares.
Las grandes dudas suscitadas por la increíble estafa son cómo pudo pasar desapercibida en grandes entidades financieras y a los controles durante más de 40 años. Aunque la investigación dará luz al caso, con los datos actuales se puede entender el fraude. La estafa piramidal consiste en pagar las rentabilidades prometidas con el dinero que va entrando de nuevos clientes del fondo de inversión. Es como una pirámide invertida; en la base se encuentra el primer inversor y éste va recibiendo plusvalías de los nuevos accionistas que entran. El problema es que sin nuevos clientes, la pirámide se derrumba.
El fraude de Madoff se basaba en la sociedad que fundó en 1960, para captar las inversiones de personas adineradas. Oficialmente, Madoff invertía ese capital en acciones de grandes compañías y opciones de compra de esos títulos. Ofrecía altas rentabilidades, entre 10 y 12%, que nunca se veían afectadas por los vaivenes de los mercados, algo muy inusual. La realidad es que invertía sólo una pequeña parte de esos fondos y la mayor se utilizaba para pagar a los antiguos clientes. Los nuevos eran captados principalmente por la mencionada alta rentabilidad, de hasta el 12% anual, o por su prestigio personal y el aura de exclusividad que otorgó a la sociedad.
Madoff fue presidente del consejo de administración del índice bursátil Nasdaq de Estados Unidos, uno de los más importantes del mundo, lo que le daba credibilidad. La pirámide se desmoronó por la crisis financiera que provocó la entrada de cada vez menos clientes y Madoff tenía que hacer frente a los pagos de los inversores, que querían recuperar su capital, un dinero que ya se había evaporado en el pago a otros que se fueron antes.
Este caso es una demostración más que un sistema financiero sin ética deriva siempre en fraude y ciega avaricia sin responsabilidad social.
