Uno podría preguntarse qué tiene de malo que Obama vea el amistoso de béisbol del 22 de marzo entre los Rays de Tampa Bay y el equipo nacional cubano durante la primera visita de un presidente estadounidense a la isla en 88 años. Bueno, hay varias cosas objetables. Incluso activistas de los derechos humanos que apoyan el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba y se oponen al embargo comercial estadounidense dicen que una fotografía sonriente de Obama junto con Castro enviaría un mensaje siniestro a las víctimas de los abusos a los derechos humanos en Cuba.

Obama debería limitarse a restablecer relaciones con Cuba, no hacerse amigo del régimen. Son dos cosas muy diferentes.

‘Sería una bofetada en la cara a todos aquellos cuyas vidas han sido destruidas por la dictadura cubana”, me dijo José Miguel Vivanco, jefe del departamento de las Américas de Human Rights Watch. Imagínese si durante la dictadura de Augusto Pinochet, el presidente Jimmy Carter hubiera viajado a Chile y asistido a un partido de fútbol junto con el general chileno. Esa fotografia habría hecho dudar sobre el compromiso de Carter con los derechos humanos, dijo Vivanco.

El viaje de Obama a Cuba es prematuro, ya que él mismo había dicho en una entrevista el 14 de diciembre con Yahoo News que no iba a ir a la isla a menos que las condiciones de derechos humanos mejoraran. Bueno, no mejoraron, y en cierta medida empeoraron. Hubo 2555 detenciones arbitrarias de opositores pacíficos en enero y febrero de este año, contra 489 en diciembre de 2014, cuando Obama anunció por primera vez su decisión de restablecer los lazos con Cuba, según la ONG Comisión Nacional de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional de Cuba. Incluso, el periódico oficial de Cuba, Granma, dijo el 9 de marzo que Obama será bienvenido, pero que Cuba no va a ‘ceder un ápice” en ‘sus ideales revolucionarios y antiimperialistas”.

El viaje de Obama está mal planeado, porque el partido de béisbol se robará los titulares. Obama debería asegurarse de que la atención de los medios se centre en su discurso público, donde debería enviar un fuerte mensaje a los cubanos de que los derechos humanos son valores universales, consagrados por las Naciones Unidas. Y Obama no debería ceder ante las exigencias del régimen cubano de no reunirse con los líderes de la oposición pacífica.

El consejero de Seguridad Nacional de Obama y arquitecto de la política de acercamiento con Cuba, Ben Rhodes, señaló el viernes en una reunión con la junta editorial del Miami Herald: ‘Si todo lo que estuviéramos haciendo fuera ir a un juego de béisbol, eso estaría mandando un mensaje equivocado. Pero vamos a hacer mucho más que eso (en Cuba)”.

Mi opinión: Obama está demasiado ansioso por visitar Cuba, y sacarse la foto que le haga pasar a la historia al igual que Nixon cuando fue a China como el presidente de EEUU que abrió los lazos con la isla. Pero podría haber esperado unos meses, porque salvo sorpresas de último momento este viaje se parece más a unas vacaciones, y contradice el propio compromiso de Obama el 17 de diciembre de 2014 de iniciar una nueva etapa con Cuba que ‘incluirá un apoyo continuo a una mejoría de los derechos humanos y las reformas democráticas”.