No es fácil para la opinión pública occidental llegar a conocer en profundidad los propósitos que llevan al fundamentalismo islámico a constituirse en una verdadera amenaza para la paz mundial, por la complejidad de un movimiento que no es político sino una corriente ortodoxa dentro del islam, defensora de la "sharia” en su interpretación más ortodoxa, con enfoques particulares. Es que el islam no tiene clero, por lo que teóricamente cualquier creyente tiene capacidad para interpretar los textos sagrados y extraer de ellos las aplicaciones para la vida cotidiana.

Es lo que se llama "ijtihad”, que la doctrina islámica reconoce como algo perfectamente posible pero que la tradición le niega al simple creyente la capacidad de interpretación de los textos sagrados y le otorga esa facultad sólo a los ulemas, que los fundamentalistas defienden como omnipresentes guías de la sociedad. Por este fanatismo no se organiza como movimientos políticos para tomar el poder, sino velar que los poderes políticos cumplan fielmente con la tradición.

De allí los conflictos del fundamentalismo islámico con el estado secular, chocando, principalmente, con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ya que los extremistas no aceptan la prioridad de los derechos humanos y de la ley civil sobre los derechos de los grupos religiosos y la religión; niegan la igualdad entre hombres y mujeres, la separación entre iglesia y Estado y los derechos religiosos.

En este contexto, al dialogar con la prensa al regreso de Turquía, Francisco señaló que sería bueno que todos los líderes islámicos, tanto políticos como religiosos, condenen los ataques terroristas, "que lo digan claramente, porque esto ayudará a la mayoría del pueblo islámico. Todos nosotros necesitamos de una condena mundial. Es importante que digan: "el Corán no es esto”, enfatizó el Papa.

La idea de la una condena al terrorismo de los líderes islámicos la planteó el Papa al presidente Recep Tayyip Erdogan, en Ankara, oportunidad en que el mandatario lamentó la creciente islamofobia que reina en Occidente, donde muchos consideran al Islam como sinónimo de terrorismo. El esclarecimiento que busca Francisco pondrá al descubierto al fanatismo religioso y los horrores que genera como los del grupo terrorista Estado Islámico en el norte de Siria e Irak.