Las expectativas en torno al primer mensaje de Pascua del papa Francisco, ante una multitud de 250 personas que colmó la plaza de San Pedro, desbordaron de esperanzadas palabras de aliento para que los católicos no pierdan la confianza y fortalezcan y ser así cada vez más solidarios y fraternos, sino también avanzaron al plano internacional reclamando soluciones diplomáticas y políticas para todos los conflictos que amenazan la paz mundial.

El papa argentino Bergoglio utilizó su primera aparición "Urbi et Orbi" (a la ciudad y al mundo) para exhortar a bajar las armas y manifestó que los desacuerdos en Asia, en particular la candente situación en Corea, pueden superarse a través de soluciones diplomáticas, instando a los líderes a dialogar para bajar tensiones. De igual forma también para llegar a un cese del fuego en la guerra civil en Siria y alcanzar arreglos políticos entre israelíes y palestinos y en varios países africanos.

El papa Francisco también denunció con fuerza a la trata de personas, en dos oportunidades, a la que calificó como "la esclavitud más extendida del siglo XXI". Lo hizo al plantear las divisiones provocadas por la codicia de quienes buscan fáciles ganancias, el egoísmo que amenaza la vida humana y la familia, la violencia ligada al narcotráfico y la explotación inicua de los recursos naturales.

El tema ecológico es una premisa del papa -la explotación inmoral de los recursos naturales, precisó-, y no deja de estar presente en cada reflexión del nuevo jefe de la Iglesia católica que ha volcado en su papado un estilo más sencillo y personal que la mayoría de sus antecesores y sin apelar a alusiones con lenguaje diplomático sino de manera directa, como se ha referido a los casos que desequilibran la paz mundial. Sin excluir a todos los credos y a los que no creen en Dios, el Papa les ha recomendado hacerse fuertes en la fe, porque puede ayudarlos a transformar sus vidas permitiendo que "florezcan esos sitios desérticos en nuestros corazones" ya que somos guardianes de todo lo que el Creador nos ha dado y sigue dándonos.

La exhortación de Francisco es, en definitiva, a no temer las sorpresas de Dios, a nunca perder la confianza durante las pruebas y tribulaciones de la vida diaria y, para aquellos que se han desviado de la fe, le permitan a Dios entrar nuevamente en sus corazones.

Es que la indiferencia puede tener un cambio sustancial si la confianza penetra en los corazones con lo cual se llega rápidamente al entendimiento, es decir a la paz que reclama la humanidad.