La presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, anunció la decisión de adelantar las elecciones legislativas nacionales, para el 28 de junio próximo. La iniciativa presupone que el Gobierno ha detectado dificultades serias para llegar a octubre, la fecha indicada por la ley electoral.

La Constitución Nacional determina en su art. 77, segundo párrafo, que para la modificación de leyes relativas al régimen electoral y de partidos políticos es necesaria la mayoría absoluta de los miembros de ambas Cámaras legislativas. No resulta claro cómo será posible la discusión en el seno de cada Cámara y luego la sanción sucesiva en cada una de ellas, de una cuestión tan importante, dentro de tan breve plazo. Resulta claro que antes y después de estas elecciones, el Congreso Nacional no podrá cumplir adecuadamente su tarea de legislar.

Antes de los comicios, los diputados y senadores estarán inmersos en una campaña electoral acelerada, con lo cual descuidarán los temas trascendentes establecidos en la agenda legislativa. Algo parecido sucederá después del acto eleccionario, pues qué legitimidad y fuerza podrán tener los representantes que, seis meses antes del vencimiento de sus mandatos, sepan que deberán abandonar sus bancas.

La decisión de adelantar las próximas elecciones resulta un despropósito institucional y una abierta violación al sistema republicano de gobierno. No se trata de que pierda la oposición, sino que con esta medida pierde la Argentina, que deberá pagar un nuevo costo en materia de credibilidad. Desde el oficialismo se podrán presentar varios justificativos que han llevado a esta resolución, pero lo cierto es que la gestión se va deteriorando por varias razones.

La primera es la crisis económica global. Con el adelantamiento, se evitaría que los comicios se realicen en un momento de mayores dificultades para resolver problemas derivados del colapso mundial. La segunda es económica social, y es el conflicto con el campo, con reclamos no son sólo de los productores sino de toda la cadena agro-industrial. La tercera está relacionada con la creciente inseguridad que vive la población, un tema que no parecía determinante pero que, según los últimos sondeos, supera en prioridad al desempleo. También pesa la pérdida del caudal electoral, según revelan los resultados de la reciente elección en Catamarca.

La estrategia de adelantar los tiempos, que puede aparecer como una maniobra hábil, también podría provocar efectos impensados y no deseados por el oficialismo.