El presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti, inauguró el año judicial con un discurso institucional pero de trascendente contenido político, como la defensa de la libertad de expresión y referencias a la falta de diálogo entre los dirigentes para encontrar soluciones a los problemas de la ciudadanía.
El magistrado pidió no perseguir a los críticos que piensan distinto. Disentir no debiera ser motivo para padecer agravios o descalificaciones. Nuestro país tiene una parte de su historia enlutada por la supresión física de quienes sostenían diversidad de ideas frente a los postulados de la doctrina de seguridad nacional. Ahora la política no impulsa soluciones participativas y el peligro que puede presentarse en sistemas democráticos es que se pretenda suprimir o debilitar ideas negando el debate o ridiculizando a quien no coincide con la otra parte.
Es de lamentar que, luego de la tragedia ferroviaria de Once, el ministro de Planificación Federal Julio De Vido y del ex secretario de Transporte, Juan Pablo Schiavi, se limitaran sólo a señalar algunas decisiones oficiales pero impidiendo a los periodistas formular preguntas, que no eran otras que, las que la gente se plantea con justa razón. En medio del dolor y del luto, los familiares de las víctimas se limitaron a llorar a los que perdieron la vida, o se encontraban hospitalizados, sin encontrar una respuesta de los funcionarios respecto a quiénes eran los responsables de esas muertes y qué medidas efectivas se adoptarían para que lo sucedido no se volviera a repetir.
Cuando Ricardo Lorenzetti señala que los políticos se traban en conflictos, sin solucionar los problemas, está diciendo que falta un diálogo fructífero que aporte soluciones. La Presidenta no responde los pedidos de audiencia del jefe de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri y decidió no dialogar con el líder de la CGT, Hugo Moyano, por desencuentros que no son insuperables. La distancia entre el Gobierno, CTERA y otros gremios de la educación, por diferencias mínimas, es un claro ejemplo de la falta de racionalidad en las negociaciones que debieron transcurrir atendiendo las limitaciones de una parte y evitando los agravios por la otra.
Respeto es un término latino que significa "mirar alrededor" no sólo para observar, sino para encontrar soluciones: un desafío siempre vigente para la democracia.
