El 10 de diciembre de 1948, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobó la "Declaración Universal de los Derechos Humanos", un acuerdo con el cual la humanidad dio un enorme paso adelante en la búsqueda de crear conciencia en los mandatarios de todo el mundo, para que garanticen los valores supremos de los derechos humanos.

De esta manera se puso un límite al poder, para que todos los seres humanos puedan nacer libres e iguales en dignidad y derechos y, sustentados en la razón y conciencia, para comportarse fraternalmente los unos con los otros. Estas consideraciones no son un preámbulo recitativo sino una verdad que debió ser subrayada en toda determinación política, para no contraponerse con acciones que constituyen verdaderos delitos de lesa humanidad. La revelación de documentos secretos del gobierno de Estados Unidos sobre las incursiones bélicas en Afganistán, que han provocado numerosas víctimas inocentes, es la prueba palpable de los excesos y horrores que soporta la población civil en distintos lugares del mundo donde se libran combates o se han perdido los derechos básicos proclamados por la citada declaración de la ONU.

Vale recordar que el acuerdo suscripto por los países miembros no hace distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía.

Fue Eleanor Roosevelt, esposa de Franklin Delano Roosevelt, quien participó en las formaciones de numerosas instituciones, siendo entre las más notables, la Asociación de Naciones Unidas, y la Casa de la Libertad (Freedom House). Presidió el Comité de Derechos Humanos de la ONU y su papel fue clave en la aprobación en 1948 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Por eso el presidente Harry Truman se refirió a ella como a la Primera Dama del mundo en honor a sus esfuerzos para promover los derechos humanos.

Sin embargo, los avatares políticos en la que se consideró cuna de la libertad y de los derechos humanos que parecían irrenunciables, antepusieron intereses hegemónicos paradójicamente alentados por la libertad y la democracia, hasta alcanzar los desbordes que ahora salieron a la luz.