El capitalismo está enfermo de muerte: la pregunta sería ¿cobrarán los capitalistas por el funeral? Oportunamente, las imágenes de la pantalla de televisión, las planas de los diarios, presentan como noticia, los desfiles en Comodoro Py. La gente no para de hablar. Todos se preguntan: ¿Es posible esto? ¿Será posible aquello? ¿En que terminará todo? No obstante, la mayoría siente sed de que algo pase, que la impunidad termine, que la mentira se demuestre desnuda y tal cual es. Un baño de sinceridad invade a los argentinos. Es que el chancho embarrado, ensució tanto el chiquero, que muchos necesitan de un baño mental. No hay que subestimar a la gente, porque sigue en pie la idea de no dejarse engañar.

¿En qué la gente no se deja engañar? Las ideas y la imagen caen ante los hechos. La verdad se impone por sí misma. Muchas cosas pasaron en estos años en Argentina. Después del 2001 caímos en desgracia, y fue tanto el impacto, que al haber tocado fondo, muchas cosas venían igual. Ahora, empezamos a digerir lentamente los resultados de este impacto, cuando varios infortunios bajo apariencia de bien, resultaron un nuevo escape al abismo. Ya la historia atestigua que la misma Alemania de Hitler, también tenía ideales nobles de lucha por el bienestar de la nación. Es que la ideología nacionalsocialista sabía utilizar el concepto de ‘raza”, con ideales nobles, en busca del bienestar para la comunidad alemana, totalmente pisoteada luego de la primera guerra mundial. Y, por ello Hitler, auguró: ‘Como político necesito de un concepto que me permita abolir el orden que ha existido desde siempre sobre bases históricas y buscar un orden ahistórico completamente nuevo”.

¿En donde aparece el engaño? En la Argentina actual, bien sabemos que no subyace el concepto racista de la Alemania nazi, pero el engaño aparece disfrazado de blanco, con la idea de que con el facilísimo, todo se iba a lograr. El populismo tiene ese aire enmascarado, en la imagen de un líder, que no suele reconocer siempre ese rol. A pesar de los errores nefastos que Hitler cometió en la historia, injustificables por siempre, fue un líder consiente de las cosas. Al menos, resultó consiente, cuando vio que el racismo no conducía a nada, pero que lo necesitaba como una base distinta, para asegurar su poder. Al respecto, parecería que el populismo sudamericano terminó en un mensaje más decadente al nacionalsocialismo alemán, si el amiguísimo prioriza los intereses mezquinos, al bien en general. Comodoro Py, hoy existe más que nunca, por más que a muchos les cueste aceptar. En algunos segundos se vio en la Argentina lo que muchos en más de veinte años no vieron jamás. Es que el populismo se desnuda tal cual es: ‘El de un reinvento del capitalismo”. Esta vez, el triunfo cultural de nadie, solo se vio plasmado, en aquella millonésima imagen de segundos televisiva, la del desfile ante la Justicia. El populismo no resulta económico, sino un fenómeno político. La corrupción lo resucita.
Aquí, el populismo, resulta todavía inconsciente. ¿En que se percibe este engaño inconsciente? En que las ideas con base históricas típicas de este país, venían de la mano del esfuerzo y el sacrificio. Si laburabas cobrabas y progresabas, sino laburabas decaías. El reinvento desesperado casi inconsciente del populismo, para no caer en desgracia, fue siempre el temor a que el negocio se desmoronara. El momento de ser sinceros llegaba a un momento crucial, cuando el populismo sudamericano casi siempre, llevó al triunfo cultural de la nada. Y, por tal motivo, había que desterrar ésta base histórica vigente en siglos, por una nueva base ahistórica de subsistencia. Así, es como este nuevo orden llegó, de la mano del mismo capitalismo de amigos de siempre, pero que esta vez supo generar un culto religioso pietista, bajo las manos astutas de la limosna de la impiedad.
¿En donde aparece el engaño político? Ahora el capital se busca, porque la impiedad traicionó, a la obediencia ciega. Los discípulos temen. La Justicia se sintió ultrajada. Los testimonios abundan por doquier. Nuevos capitalistas vendieron por brillantes de oro sus versos una vez más. Para el pueblo común solo quedó el funeral. La enfermedad del capitalismo hirió una vez más al país de muerte. Pero, para ir más allá del populismo, es necesario ir más allá de la sola idea del pueblo. Es que las heridas tampoco se curarán con la dosis de un populismo antipopulista. Muchas sociedades luego de haber tocado fondo suelen buscar consuelo en una idea protectora (en esto subyace la astucia de los demagogos), pero muchas veces estas ideas se vuelven rígidas, se conviertan en fuentes de ideologías, y en excusas perfectas para devolver mal por mal, o en la idea espiralada, de seguir demonizando por siempre los problemas.