La presentación del sexo a toda costa en imágenes, programas, spots publicitarios, mensajes subliminales, pero siempre con contenidos más explícitos en Internet y televisión, es preocupante. En Gran Bretaña se ha lanzado una advertencia seria sobre este tema, al punto que el gobierno, luego de haber examinado un informe de una organización no gubernamental, ha solicitado medidas drásticas para encontrar soluciones efectivas.
La acusación se refiere a algunas casas de moda, a ciertos videos musicales y a determinada educación sexual en las escuelas. El psiquiatra y psicoterapeuta italiano Tonino Cantelmi señala en su último libro "Erosión de los medios. Las trampas de la hipersexualidad moderna”, que según un estudio realizado sobre niños de 8 a 16 años, cerca del 40% ve imágenes pornográficas casualmente, pero un 20% vuelve a verlas en modo constante. La posibilidad de encontrar contenidos, imágenes y encuentros sexualmente inapropiados para menores llega al 90 por ciento. El problema abarca numerosos campos desde la publicidad a la televisión, pero comprende esencialmente a Internet.
Ahora los chicos se acuestan demasiado tarde y miran de todo en la pantalla. La web escapa del control de los padres y de ese modo los más pequeños frecuentan un mundo de adultos desde una edad temprana. Según el especialista italiano, esta forma de procacidad sexual arrojará como resultado un aumento de adolescentes y adultos problemáticos. Estar expuestos a escenas sexuales continuas hace que el individuo interiorice esquemas que modelan la relación que la persona tiene con su propio cuerpo, el modo de vincularse con los otros, los valores y actitudes presentes y futuras, condicionando el comportamiento en el ámbito sexual, la relación de pareja, la autoestima, y el potencial de felicidad.
Nos estamos acostumbrando a construir una sociedad en la que la persona es concebida en una dimensión horizontal; es decir, individuos que conducen su propia existencia sin proyectos hacia el futuro, ignorando el pasado y aplanados en el presente, sólo buscando emociones fuertes.
Se hace necesario pues, recuperar una generación de adultos capaces de convertirse no sólo en progenitores, sino en padres y educadores, sin renunciar a la misión de ayudar a dar sentido a la vida.
