La situación económica devela la realidad de hogares que soportan serias arremetidas contra la maduración y el progreso infantil. Cuando un niño está en problemas no decimos que ello se debe a que el infante no puede hacerle frente a una situación, sino que existen adultos que por ineptitud o marcada inacción no observan con premura las múltiples dificultades que los niños tienen que pasar.

No solo la canasta familiar es la limitada al momento de llegar elaborada a la mesa en un alimento que nutra suficientemente el pequeño organismo de un niño, sino que además está comprometida su maduración y progreso para mejora o perfeccionamiento de las capacidades específicamente humanas que no logran su destino. Estadísticas de diversa índole llegan a nosotros, tanto a nivel mundial como regional, demostrando que los más afectados en el desarrollo y progreso infantil son los niños y por contrapartida los no culpables de todo esto son ellos.

Parece mentira que un mundo construido específicamente para la realización del adulto, no permita el pleno desarrollo infantil hacia una formación integral. Pero es que desde el mismo instante de la concepción y fecundación de la vida, el infante, se encuentra en serios problemas para mantener su posibilidad de subsistencia. Es así que resueltamente existen, en forma permanente, manifestaciones de adultos en contra de la misma generación de vida que aducen y argumentan derechos sobre el cuerpo y "justos reclamos” para decidir sobre la vida de otro que sin haber nacido, ya existe. Si un niño de hecho tiene problemas para desplegar sus capacidades acorde a su naturaleza, debido al entorno que lo rodea y a la situación económica que lo envuelve, cuánto más aquella indefensa criatura, que a discernimiento y discriminación del adulto, ni siquiera puede hacer el intento para sostenerla.

Todo deviene en un gran problema para los niños y el tema más crítico lo tiene a cargo la educación y es ella misma quien debe entablar una verdadera cruzada no solo contra el analfabetismo y la desnutrición sino también contra la ignorancia en favor de la familia y una "buena educación sexual” en favor del joven.

Nuestros niños, están en problemas y los programas existentes no promueven una cultura familiar sino todo lo contrario favorecen ocasionales estructuras parafamiliares. Los organismos técnicos de intervención pública carecen de programas elaborados en base al concepto de unión matrimonial y no han proyectado ni planificado estructuras sociales que promuevan vínculos formales. Si en cambio, dan respuesta a modos de organizaciones libres que sostienen al ser humano por su propio pensamiento y convicción exentos de entablar cualquier tipo de vinculo.

Los niños están en problemas, no por los niños sino por los adultos a quien les cabe la absoluta e indelegable responsabilidad de limitar sus acciones a favor de la vida y la familia. La educación es la herramienta que sus administradores tienen para disponer en un aquí y ahora.

(*) Filósofo, educador, pedagogo y escritor.