Hasta ahora, la mayoría de los presidentes latinoamericanos de centro-izquierda habían guardado silencio sobre las elecciones falsas de Maduro, incluso después de que el dictador venezolano proscribiera a la principal candidata opositora, María Corina Machado. Pero el presidente de Brasil, Luiz Inácio “Lula” da Silva, y su par de Colombia, Gustavo Petro, dos aliados clave de Maduro, comenzaron a cambiar su postura en días recientes, después de que el dictador venezolano fue aún más lejos al proscribir a Corina Yoris, la profesora universitaria de 80 años que Machado nombró como su candidata substituta.

Hace unos días, durante una visita del presidente francés Emmanuel Macron a Brasil, Lula dijo que quería que las elecciones en Venezuela se realizaran “con la participación de todos”. Petro dijo ese mismo día que la proscripción de Machado equivalía a “un golpe antidemocrático”. El expresidente izquierdista de Uruguay, José Mujica, se pronunció en forma parecida horas después. Maduro reaccionó airadamente ante las declaraciones de sus aliados, culpando a la “izquierda cobarde” por supuestamente no defenderlo de lo que, según él, es un complot internacional para matarlo.

El presidente de izquierda de Chile, Gabriel Boric, ya había criticado la proscripción de Machado. En momentos en que escribo estas líneas, México es el único de los países más grandes de América latina que no ha criticado la pseudo-elección de Venezuela. 

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En primer lugar, por presiones del gobierno del presidente Joe Biden sobre Lula y Petro, según me dicen fuentes cercanas a las tres cancillerías. Lula y Petro habían convencido a Biden de relajar las sanciones petroleras de Estados Unidos a Venezuela el año pasado, a cambio de la promesa de que Maduro firmaría el acuerdo de Barbados comprometiéndose a permitir elecciones competitivas. Pero cuando Maduro rompió el acuerdo de Barbados a principios de este año y proscribió a los principales candidatos de la oposición, funcionarios estadounidenses le dijeron a sus pares de Brasil y Colombia: “Nosotros hicimos nuestra parte y levantamos algunas sanciones, pero Maduro no cumplió con el acuerdo como ustedes habían prometido. Ahora es el turno de ustedes para presionarlo a que lo haga”. 

En segundo lugar, Macron durante su visita a Brasil ayudó a convencer a Lula de que levantara la voz sobre Venezuela. En tercer lugar, el silencio anterior de Petro sobre la proscripción a la candidatura de Machado lo había colocado en una situación difícil, porque él mismo había sido víctima de una inhabilitación similar para postularse para presidente en 2013.

Además de estas razones, Brasil y Colombia tienen un interés nacional en lograr una solución política en Venezuela, que detenga el éxodo de casi 8 millones de venezolanos a sus países y otros de la región. Estados Unidos está ahora considerando reimponer algunas de las sanciones petroleras contra Venezuela si Maduro no permite una candidatura opositora verdadera. Pero la presión de Brasil y Colombia sobre el dictador venezolano será tanto o más importante: si aumentan sus críticas, como deberían hacerlo, Maduro se verá abandonado por algunos de sus principales aliados, y tendrá que hacer concesiones.

 

Por Andrés Oppenheimer
Columnista del Miami Herald