Popayán, en Colombia, es una de esas ciudades pequeñas donde las tradiciones de semana santa perduran.

 

Las prácticas religiosas en América latina son evocadas con inusitada piedad y en los países pertinentes, se suele exteriorizar rasgos de ese ancestral universo andino que no desea despojarse de lo propio. En Semana Santa, una conmemoración muy especial para los católicos de esta área geográfica, se advierte que la matriz cultural de sus creencias y ritos, se ha nutrido del mundo religioso íbero-católico, pero ese orden piadoso, se ha combinado con actos y rituales sagrados de los pueblos originarios. Es Ecuador, entre otros países más, en donde se advierte con claridad esta afirmación. Durante Semana Santa todos los santuarios se ven colmados de gente, no sólo de personas de descendencia europea, también participa una multitud perteneciente a las etnias de la zona andina, como así también de la amazonia. Resulta realmente emocionante observar como un país pluricultural y multiétnico, el duelo por la muerte del Mesías, lo equilibra socialmente. Estos días las ceremonias propias se matizan con ritos que les otorgan sus particulares notas distintivas. En Quito, durante el Domingo de Ramos, es costumbre, conmemorando la triunfal entrada de Jesús a Jerusalén, que un sacerdote de la orden de los franciscanos guíe una procesión montado en un burro, como lo hiciera el Nazareno. Empuñando ramas de olivo, vecinos y los distintivos cofrades -la mayoría de ellos indígenas- avanzan cantando por un sitio llamado la "Cruz Verde" y la Capilla de la Cantuña, para terminar con la bendición de los ramos en el atrio del templo de San Francisco.

Un lugar, en donde se realiza el tradicional Vía Crucis, es en el Santuario del Monte Santo de Bombolí, en Santo Domingo de los Colorados. En este punto, situado en la cima de la montaña, al oeste de la capital ecuatoriana, se escenifican las 14 estaciones, que representan el sufrimiento de Jesús antes de llegar a la cruz. Estas estaciones están dispuestas a lo largo de un kilómetro; distancia en que los creyentes van parándose en cada una de ellas, demostrando su fe a través de sus oraciones, muchas de ellas rezadas en quechua. Otra particularidad de la Semana Santa ecuatoriana está dada por unos personajes típicos llamados "cucuruchos". Ellos simbolizan la penitencia propia de este tiempo, marchan descalzos, ataviados de una bata de color morado y un gorro en forma de cono. Ellos suelen cargar en sus espaldas pesadas cruces de madera, recordando el camino al Gólgota. De la misma manera en el distrito minero de Zaruma, la Semana Santa cuenta con una representación -realizada el jueves- en la cual Jesús lava los pies a sus discípulos, escenificados por niños y ancianos del lugar. Junto a este ritual, también se recuerda a la Virgen del Consuelo, patrona de los mineros. A posteriori se venden en una especie de feria los típicos dulces, como el alfeñique, exquisitez compuesta de leche y de guayaba.

 

Por el Prof. Edmundo Jorge Delgado
Magíster en Historia