Aunque el término "estatus” pertenece básicamente a la lexicografía sociológica, ha sido adaptado al lenguaje común y despojado de la precisión que le daba su carácter definitivo y descriptivo. ¿Hasta qué punto este fenómeno implica un intento de razonar el hecho social? ¿Hasta dónde se da esta escalada en busca de prestigio y dónde tiene lugar el exceso de esta preocupación esencialmente humana? "Posición social de un individuo definido por comparación con la de su sociedad y determinada por ciertos atributos”, se lee en el diccionario.

Hasta aquí no hay motivos de alarma, pero no en una sociedad tradicionalista. Es mucho más notorio dentro de la clase media para arriba donde símbolos de "estatus” van desde la profesión que se elige hasta poder construir o alquilar una casa en una zona residencial en vez de hacerlo en un barrio cualquiera. En general una manifestación de la que no es auténtica socialmente en la búsqueda de posición en que se manifiestan los distintos niveles, en lugar de buscar la función social, única originadora del mismo, y en esa búsqueda de un estatus autoimpuesto se exige un esfuerzo de adaptación muy grande.

Es decir, cuando se ambiciona pertenecer a un grupo que no es el suyo original. Se observa en diversos sectores, inclusive en los intelectuales, siendo el contenido de sus actividades lo que debería gratificarlos psicológicamente, obviando sin pretender generalizar. El individuo que destina todos sus esfuerzos a ello suele ser un neurótico, pues no asimila los reveses que se le infligen. No sucede así en niveles humildes. Muchas personas se dejan fascinar por el vacío prestigio que otorga lo económico, que no es lo más importante. Las especificaciones son de muy distintos tipos y se extienden desde la forma de ir vestido, canciones que son "mersas” a restorantes en donde se llega exprofeso tarde para que sean vistos.

Estos detalles forzosamente parciales no agotan el tema ni sirven para establecer una tipología rigurosa sobre muchas personas y el estatus. Sólo intentan ejemplificar cómo se ponen en marcha los mecanismos de la búsqueda de prestigio y cómo se van hilvanando determinadas pautas sociales.

Afortunadamente hay personas que sin proponérselo adquieren otro tipo de estatus o figuración: aquellas que integran asociaciones dedicadas a la cultura, la educación, a prestar ayuda a los más necesitados o, simplemente a obrar con corrección de procederes y humildad como simples ciudadanos.

(*) Escritor.