Sin una Justicia independiente dispuesta a salir en defensa de quienes resulten perjudicados en sus derechos fundamentales, de expresión, de libertad de asociación y religión, de acceso a la Justicia en condiciones de igualdad, de propiedad, entre otros, los autoritarismos pueden hacer sucumbir el necesario clima de concordia para vivir en sociedad.
Mediante una carta abierta, la Federación Argentina de la Magistratura (FAM) expresó su "preocupación y estupor" por las "acusaciones y descalificaciones" que lanzó la presidenta Cristina Fernández de Kirchner contra los jueces que le impidieron utilizar reservas del Banco Central (BCRA) para afrontar pagos de la deuda. "Lo que pasó congela los corazones de cualquier argentino con memoria y con apego a la vulnerable, endeble, imperfecta, injusta e invalorable democracia que tanto dolor costó cuando no estuvo, y tanto trabajo cuesta defender hoy", añadió la FAM, entidad que reúne a colegios y asociaciones de magistrados y funcionarios judiciales.
Durante su discurso de apertura del presente año legislativo en el Congreso nacional, la presidenta afirmó que "están tabulados los precios de excarcelaciones o eximiciones de prisión y, entonces, los criminales que entran por una puerta salen por otra", y lo que es peor aún, días después habló de "jueces alquilados". Por eso es que una declaración del Colegio de Magistrados bonaerenses apuntó de modo directo al sector político al advertir que ellos trabajan a diario "con las consecuencias de la pobreza, la marginalidad, la desigualdad y la violencia".
Los jueces independientes, que los hay, como lo ha demostrado la jueza Claudia Rodríguez Vidal en el caso del BCRA, enfrentan un clima tan enrarecido que dificulta su labor. La Constitución, en su Preámbulo, menciona la consolidación de la paz interior como una de sus grandes metas. Tanto la presidenta, los legisladores nacionales, los jueces y quienes tienen una cuota de poder implícita en la función pública que desempeñan deberían recordar que esa idea fuerza del Preámbulo no ha desaparecido del instrumento que juraron defender al asumir sus cargos.
La ciudadanía está experimentando el hartazgo de agresiones, enfrentamientos y descalificaciones entre quienes ocupan cargos públicos. Los argentinos necesitamos vivir en un clima de paz y de justicia, necesarios para cualquier convivencia civilizada y democrática.
