En una nueva "’actualización socialista” de la economía cubana, el presidente Raúl Castro transitando los primeros pasos de la apertura china, creó grupos empresariales, deslindando de este modo las funciones políticas del gobierno. Se trata de un nuevo modelo en base a un conglomerado de empresas estatales para la producción, comercialización y exportación, áreas que antes atendían los ministerios respectivos en forma directa.
El giro está impulsado por las necesidades de una economía deficitaria que abrió espacio a la iniciativa privada, legalizó los mercados inmobiliario y automotor y entregó tierra ociosa en usufructo a particulares. Esta política ha dado sus primeros resultados positivos, de manera que si bien la economía de la isla no crecerá este año lo esperado, se asegura que las finanzas se encuentran saneadas pues no hay deudas sin negociar con inversores extranjeros -como en otros períodos-, según afirmó el ministro de Economía, Adel Yzquierdo, al rendir cuentas a la Asamblea Nacional del Poder Popular.
Cuba espera con estas medidas mejorar la eficiencia económica, golpeada por la mala productividad y el complejo escenario internacional, además de las sanciones impuestas por Estados Unidos. La caída del precio del níquel, uno de los principales rubros de exportación, tiene como contrapartida la importación de alimentos por unos 2000 millones de dólares al año. La descentralización económica tiende a lograr una mayor eficiencia, pero las autoridades cubanas han aclarado que tales reformas no modificarán la estructura mayoritariamente estatal de la propiedad, ni el dominio del Estado sobre los sectores estratégicos. Es decir, lejos de las expectativas de la población.
