Al sistema bancario no le conviene tener encajes obligatorios altos, o, muy altos porque le restringe proporcionalmente la capacidad de otorgar créditos de modo sostenible, razón por la cual, los especialistas, explican que la curva histórica en Argentina de los encajes es alta, ya que en el mundo están por debajo del 10% y acá están, según la época y el tipo de depósitos a los que se refiera, por arriba del 20 % y en algunos casos superan ligeramente el 30%. Por esta razón el BCRA a fines de mayo avanzó en homologar que parte de la porción encajable de Leliq que ya venía autorizada, se integrará con bonos o títulos públicos a 180 de plazo mínimo, ampliando una autorización que había de Botes (bonos) del 2018. El fin de más amplio alcance es impulsar la recuperación de un mercado de capitales de deuda basado en activos nominados en pesos. Por eso se autorizan bonos integrables en los encajes (es opcional) porque ello implica darle al sistema de crédito más margen de subir las tasas a los ahorristas y así generar expectativas positivas para las distintas posiciones de inversión en pesos. Dos consideraciones, la primera, es que ello implica avanzar y profundizar en la financiarización de la economía al compás de mayores desregulaciones del sistema financiero, pues, no es menor que los encajes dejen de integrarse en parte en pesos para hacerlo con letras y títulos. No deja de ser una intervención estatal supletoria para emparchar las deficiencias del sistema financiero que no invierte con suficiencia en activos en la moneda nacional. Esta disposición para bonos tiene una prerrogativa exuberante implícita, en tanto, lleva una cláusula de recompra por la Tesorería en caso de estrés de los bonos. Es cómo gestionar el riesgo del juego con el sale o sale asegurado. Ahora, con esta nueva vuelta de tuerca es de esperar que la inversión privada se incline al fortalecimiento del mercado de capitales local sostenido por la inversión privada pura y en el mercado de renta fija como es la licitación de bonos de deuda o letras. Otro mar de fondo con luz amarilla que hay tras estas medidas sobre bonos es que se busca parar, moderar, reducir, la bola de Leliq y otros títulos de deuda, (como pases pasivos), ya que se duplicó en un año y alcanza los $ 3,5 billones, representando el 140% de la base monetaria y cerca del 11% del PBI y casi 200% del circulante, indican informes especializados. Situando en un contexto más específico esta medida, hay que tener presente que lo que se busca es mejorar la rentabilidad del sistema. Esto es, que entre las tasas que se cobran en el mercado mayorista y se pagan en el minorista por los depósitos, ello represente una oportunidad de inversión de primera calidad en plazos fijos, y que, a la vez, reporte una ganancia al sistema bancario. Acá aparece un condicionante ya que con una tasa de leliq actual en el 37 % comparada con el casi el 70 % que se llegó a pagar en 2018, se ve que el margen para atraer depósitos no aparece muy fecunda o interesante. Esta reducción de tasas de referencia que es buena, es la que se busca compensar con las medidas de desregulación y prerrogativas que se destacaron más arriba. El tema también es que si se cruzan estos rendimientos con lo que arroja la economía real vemos que la rentabilidad de la economía existente está muy por debajo de estos números, con lo cual el impacto en la práctica estaría por verse, esperando que, ojalá, redunde para bien en la recuperación del país. La otra consideración pasa por un análisis de factibilidad que hizo Moodys (Moody’s Investors Service, una agencia de calificación de riesgo), acerca de si pueden funcionar y en qué medida o no, estas nuevas ordenaciones. Moodys califica de moderada la migración a esta nueva operatoria porque, de por sí, una participación creciente del activo de los bancos en deuda pública, no es sinónimo de calidad crediticia.
Por el Dr. Mario Luna y el Prof. Fabián Núñez
Abogado, exsecretario de Gobierno en Jáchal, ex concejal. (**)- Profesor Enseñanza Primaria, Pro-secretario, exasesor Concejo Deliberante Jáchal.
