
Una mañana, hace poco, el insistente toc-toc-toc de un pájaro carpintero hizo que me levantara de mi silla y dejara a un lado el periódico y la taza de té por ver esa hermosa criatura salvaje. Esto se contrapuso a lo que ocurrió unos minutos después.Mi hija revisaba las noticias en su celular y me llamó a gritos. Cuando entré a su habitación, estaba leyendo un artículo que señalaba la existencia de un declive total de la fauna de insectos en la Tierra: el final de las abejas, mariposas, hormigas y libélulas podría significar el inicio de una devastadora crisis de extinción animal. Ella se sentía una testigo impotente ante lo que parecía ser otro paso potencial hacia la espiral descendente de la biosfera de nuestro planeta.
El ritmo acelerado de las noticias sobre el cambio climático y la degradación ecológica es profundamente desmoralizante. La Tierra está en mal estado y las tendencias no son alentadoras: el pasado julio, en el Hemisferio Norte, fue el mes más caluroso registrado desde que existen datos al respecto. Sin embargo, el gran problema con las malas noticias sobre el medio ambiente es que conducen fácilmente a la resignación y, después, a la pasividad. Tomemos como ejemplo a Paul Kingsnorth, el exactivista ambiental británico quien ha dicho que la magnitud del "ecocidio" que enfrentamos es tal, que tenemos que aceptar la realidad de que ya no hay esperanza. "No vamos a evitar que esto suceda", dijo hace unos años.
No es extraño que encuestas recientes hayan detectado que mucha gente declare estar experimentando "ansiedad ecológica". Si ya estamos en el punto de no retorno con la naturaleza, ¿por qué tomarse la molestia de intentar salvarla?
Pero recordemos que, por cada historia oscura, hay una buena noticia olvidada o que pasamos por alto.
En septiembre de 1962, el águila calva había disminuido a menos de 500 parejas en Estados Unidos.
Hoy hay más de 9.700 parejas, y se les puede ver volando sobre nuestros vecindarios. A las águilas calvas les sucedieron cosas malas como el DDT, la caza furtiva y la pérdida de su hábitat de alimentación; y después cosas buenas como la Ley de Especies en Peligro de Extinción, un plan exitoso de recuperación de especies.
Debemos tomar en serio estos triunfos ambientales y no solo fijarnos en las malas noticias. Celebremos la recuperación de nuestros bosques, que después de dos siglos de destrucción han vuelto a cubrir miles de hectáreas de tierras agrícolas improductivas. El aire de la ciudad de Nueva York es sustancialmente mejor hoy que en la década de 1950. El agua en el río Potomac está mucho más limpia hoy que en 1947, cuando Louis Halle escribió su clásico libro de la naturaleza "Primavera en Washington". Algunas cosas realmente buenas le han sucedido a nuestro medio ambiente durante el último medio siglo, porque los seres humanos tomamos conciencia y realizamos acciones para establecer incentivos legales y regulatorios que cambiaron el comportamiento de la sociedad.
¿Le están pasando cosas malas a nuestro medio ambiente? Sí, por supuesto. ¿El cambio climático es una amenaza sustancial y creciente? Ciertamente. ¿Sobrevivirá la biosfera de la Tierra tal como la conocemos? Una cosa es segura: necesitamos creer que así será para poder actuar con toda nuestra capacidad de ciudadanos preocupados.
Por Bruce Beehler
Ornitólogo y naturalista. Autor de 12 libros sobre esta temática. Fuente: The Washington Post
