Un día después de la derrota oficialista en las últimas elecciones, la española Repsol, accionaria de YPF, reportó ante la comisión de valores de los Estados Unidos el desempeño de la empresa en 2008. El informe fue un severo diagnóstico de la errática política argentina de hidrocarburos, con grave tendencia a intervenir en el mercado.

El informe coincide con un documento de ex secretarios de Energía, censurado en la Universidad de Buenos Aires: confirma la crisis energética y señala las distorsiones entre los precios locales y los internacionales. Suma los cortes de gas a industrias y usinas eléctricas y dice que las restricciones a las exportaciones fueron permanentes. El mercado energético refleja lo que sucede en la economía. Con el objetivo de captar la renta extraordinaria y evitar subas de precios internos, el Gobierno aplica muy altas retenciones y controles sobre la venta de combustibles, similar a la que castiga a la leche y la carne.

En el intento de frenar los precios internos, se desalienta la producción. Pero disfrutar de precios artificialmente bajos es riesgoso, porque la caída de la producción provoca la pérdida de mercados de exportación, con impacto en la demanda laboral y en las economías regionales.

Aplicar instrumentos redistributivos muy rudimentarios implica desalentar las exportaciones sin lograr satisfacer el abastecimiento interno. La experiencia con el petróleo sugiere que, sin un cambio de rumbo, se agudizarán situaciones críticas en la producción y el suministro energético, como también en otros sectores claves de la economía.