El último fin de semana el papa Francisco se refirió con mayor énfasis a la situación de los más pobres, víctimas de un creciente desequilibrio social. Las críticas estuvieron dirigidas primero a los mercados financieros que gobiernan la suerte de los pueblos, según señaló, y por otra parte a la corrupción en la vida pública porque, aseguró, son siempre los pobres quienes pagan las consecuencias de esas conductas reprobables.

Bergoglio recibió a los participantes en la Conferencia "Invertir en los pobres”, promovida por el Consejo Pontificio de la Justicia y de la Paz y calificó de escándalo a la especulación que existe en los precios de los alimentos ya que esta práctica tiene graves consecuencias para la seguridad alimentaria. Al destacar la fugacidad de los bienes materiales, exhortó a los gobiernos y entidades financieras de todo el mundo a trabajar por el bien común de la sociedad, con especial incidencia en la ayuda a los más necesitados.

Francisco instó a los mercados a utilizar sus recursos para promover el desarrollo económico y social, y tener un impacto positivo en la población porque el inversor que tiene éxito es aquel que es consciente de la existencia de situaciones de injusticia, de profunda desigualdad social y de las penosas condiciones en las que se encuentran poblaciones enteras. Observó que el rédito financiero será mayor a otro tipo de inversión si se promueve la productividad con generación de puestos de trabajo que posibiliten a los pobres tener acceso a los servicios básicos.

Por otra parte el Papa retomó el tema de la corrupción, uno de los más utilizados en sus homilías. Denunció que hay corruptos en la política, corruptos en los negocios y corruptos eclesiásticos porque es fácil de cometer por quienes tienen autoridad sobre los demás, y los pobres quienes la pagan en hospitales sin medicina y niños sin educación. Y mirando hacia adentro de la Iglesia afirmó que hay eclesiáticos corruptos que son aquellos que han dejado sus deberes pastorales para ocuparse de su poder. Como consecuencia de estas desviaciones, aseguró que hay niños que no saben el catecismo, enfermos que no son curados, ni visitados y presos a quienes no se les brinda atención espiritual.

No obstante la diplomacia que lo caracteriza, Francisco fue muy duro con los sectores del poder que manipulan la riqueza.