El ejemplo reciente se escribe con negritas por la relación con el gobierno del mismo palo, al que la CGT conducida por Hugo Moyano, adhiere desde 2003. Su percance hace difícil la definición por medio del diálogo antes de junio de este año, mes que marcará la máxima temperatura de una relación caduca de antemano, pero que resolverá la elección gremial prevista para ese mes. Tonos elevados se presagian entre el entorno político de Cristina de Kirchner y moyanistas. Estos últimos, arrinconados por dos frentes, uno interno gremial y otro político partidario que involucrará al gobierno, sin duda.

La llamada "foto del peronismo de hoy”, de fecha 20 de mayo de 2011, mostró la reunión del Consejo Nacional Peronista con las ramas política, femenina y juventud, incluyendo la máxima representación gremial, con el titular de CGT, Hugo Moyano; el secretario de Derechos Humanos de CGT, Julio Piumato; los diputados nacionales Héctor Recalde, Omar Plaini y José María Díaz Bancalari. Sin embargo, la "foto” fue sólo eso, una "foto”. Siete meses después, el 15 de diciembre, el análisis discurría por las repercusiones del discurso del dirigente camionero en el estadio de Huracán.

Jorge Landau, apoderado del Partido Peronista, expresaba "no se va a quebrar la relación del movimiento obrero con Cristina. Va a haber una cantidad mayoritaria de sindicalistas que se van a alinear con la Casa Rosada, si es que se concreta la ruptura entre la CGT y el Gobierno nacional”. El apoderado abrió el paraguas y allí estaba el quiebre implícito que ya viene levantando polvareda.

En realidad el quiebre era con Moyano, por eso el apoderado del PJ fue contundente al definir roles "el movimiento obrero es la columna vertebral del justicialismo, no es la cabeza”, porque "la cabeza del peronismo es siempre política y la conducción política es Cristina”. Como estaba todo dicho se animó a sostener lo siguiente: "querer rescindir el movimiento obrero del peronismo es imposible” porque "si el movimiento obrero no se expresa a través del peronismo no tiene su razón de ser y, por otro lado, no hay movimiento obrero que pueda mejorar su posición si no es a través de un gobierno peronista”. El ultimátum vino inmediatamente y en ese sentido consideró que "si Moyano no quiere alinearse con la Casa Rosada, va a haber una cantidad mayoritaria de sindicalistas que se van a alinear con la Casa Rosada” porque "es inevitable que sea así”. Queda claro que el enfrentamiento está planteado y las puertas de la negociación siguen abiertas. Pero, ¿Buscará el Gobierno incidir en las elecciones internas de la CGT, previstas para junio próximo, dando impulso a un dirigente que pueda bajar a Moyano de la conducción de la central gremial?

Lo que sí es factible que la señora Cristina asuma la conducción del PJ a partir de este año. Ésta es una puerta que no quedará cerrada, pero todo tiene razón de ser en función de cómo se van desarrollando los acontecimientos. La conducción real del PJ está implícita pero el peronismo cabalga tras la conducción formal. En el centro de la tormenta, camioneros y aliados impulsan una modificación en la metodología de elección de autoridades en CGT, consistente en seleccionar al consejo directivo a través del voto directo y secreto de los trabajadores en lugar del congreso interno de delegados. Si este proyecto de reforma prospera, el moyanismo será el favorecido por la mayor cantidad de afiliados. Todavía no está dicha la última palabra pero en el punto de partida se identifica además a los "gordos” y al grupo de los "independientes”. Pero todo indica, que en este forcejeo las aguas no llegarán al río y las paritarias volverán todo a su cauce natural.

"EL MOVIMIENTO obrero es la columna vertebral del justicialismo, no es la cabeza, porque la cabeza del peronismo es siempre política y la conducción política es Cristina Kirchner”