Hemos celebrado como cristianos el nacimiento de Jesús. Nos reunimos para compartir en familia el recuerdo de aquella venida de Jesús al mundo. Esa noche el centro no fue la comida y la bebida. El centro fue Dios, que se hizo Niño en la pobreza de la carne humana. Jesús, José y María son el cuadro para contemplar. Nuestros ojos se dirigieron a ellos, para que avivando la fe en nuestro corazón, descubramos una y otra vez, que Dios está junto a nosotros.

Haber vivido la Navidad, es haber descubierto que nuestra vida humana tiene brillo y sentido, porque Dios vino a estar en medio de los hombres. Es una noche espiritual: de encuentro con Dios, con los hermanos y nosotros mismos.

San Atanasio nos dice: "la divinidad se hizo humanidad para que la humanidad se haga divina”.

Es muy aconsejable rezar en familia: dar gracias a Dios porque el vino a tomarnos de la mano y levantarnos con su amor. San Atanasio nos dice: "la divinidad se hizo humanidad para que la humanidad se haga divina”. La liturgia de la Iglesia afirma: "Dios siendo grande se hizo pequeño, siendo fuerte se hizo débil, siendo rico se hizo pobre”. En el prólogo del evangelio según san Juan nos dice en 1,14: "El verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. Jesús es el "Verbo del Padre”, es decir, La Palabra del Padre pronunciada al mundo. San Hipólito comentando este pasaje afirma: "Dios hizo oír su voz cuando nos envió su Palabra”.

En dos versículos se describe el nacimiento, de manera muy sencilla. María dio a luz a Jesús y lo envolvió en "pañales”. Esto nos recuerda el nacimiento del rey Salomón en Sabiduría 7,3: "fui criado entre pañales y en medio de cuidados”. Como Salomón, el más célebre de los hijos de David, también Jesús nace entre pañales, signo de su condición real y, al mismo tiempo, de su naturaleza humana. Lo "acostaron en un pesebre": evoca el texto de Is 1,3 que nos dice: "conoce el buey a su amo y el asno el pesebre del dueño”. La costumbre de poner en nuestros pesebres el buey y el asno surge probablemente de este texto de Isaías en la época medieval. ¿Qué era el pesebre? En griego "fatné”, era la artesa o cajón que contenía el forraje para los animales, pero designaba también todo el establo o comedero, cercado, cubierto o al aire libre. Jesús nace en un pesebre porque no había lugar en el albergue. El albergue, en griego "katalyma”, término compuesto por la preposición "kata” y el verbo "lyein”, significa "soltar, desatar”, era el lugar donde se depositaba el equipaje para pasar la noche, una especie de refugio publico donde los viajeros pernoctaban para pasar la noche bajo un techo común. El ángel, mensajero celeste, anuncia la buena noticia del nacimiento a "pastores”, modestos habitantes de la comarca ocupados en sus menesteres. En el fondo de la narración está el semblante del joven pastor David que cuidaba el rebaño en las praderas de Belén (1 Sm 17,15). En la literatura bucólica o pastoril helenística los pastores son retratados como jóvenes soñadores amigos del campo y con un gran amor a los animales. Son símbolo de la humanidad real. Para Lucas, los pastores son los humildes y sencillos de corazón, aquellos verdaderamente pobres a los cuales el Señor les muestra su gloria. Al contemplar esta escena bíblica del nacimiento del Señor queda resonando en nuestro corazón la gran humildad y sencillez de ese Dios Niño que viene al mundo. En un antigua leyenda judeo cristiana sobre el nacimiento de Jesús comentaba que la estrella de Belén bajó del cielo y se quedó para siempre entre los hombres, esa estrella es el mismo niño Jesús que nace, pero solamente lo descubren aquellos hombres y mujeres de corazón sencillo. 

 

Por P. Fabricio Pons 
Párroco de Santa Bárbara, Pocito