La pandemia obliga a las naciones del mundo reformular políticas para combatir la desigualdad social.

 

El desafío es cómo cambiar este presente. Muchos son los aspectos a considerar. Muy someramente destaco un mal, que debiera quedar en manos de los especialistas en Economía, para su transformación. Ni el sistema comunista ni el capitalista han dado buenos frutos. Proyectar un nuevo sistema donde todos los estados lo acordaran, ayudaría a no ver países tan pobres en contraposición de los ricos. Sería renunciar éstos al acaparamiento para prestarse a enseñar a crecer con productividad y esfuerzo, a las poblaciones desprotegidas en pro de una humanidad sin hambrunas ni ignorancia. Creo que la actual economía de mercados, con sus cambios bruscos, basándose más en elucubraciones y manejos especulativos, atentan contra una economía real y productiva. Lleva a beneficios desmedidos, actitudes egoístas contra el riesgo y desmoronamiento de otros. El juego especulativo, no sería el viable. Sí premiar el esfuerzo real. Por ello, el no a la economía financiera, monstruosamente ficticia. Los países del mundo deben valorar la economía real y productiva, donde el esfuerzo mancomunado tenga su merecido rédito. Aquello que estudie, "el valor agregado”, hoy sirve para ver la mayor brecha entre países ricos y pobres. ¿Cómo hacer que ese "valor agregado” sea incentivado en todos los lugares, solidariamente, para achicar esa brecha descomunal?

Insisto en este concepto. Es una época de desafíos. Veo la necesidad de centrarnos en él, sus muchos aspectos que debemos corregir: lograr una nueva forma de ser. Una nueva forma de vida. Una nueva forma social y política. Una nueva visión para salvar y sanar. No solo salvar nuestro cuerpo sino nuestra Tierra. Debemos cuidar también al mundo que lo hemos enfermado con nuestro abuso e irresponsabilidad. Me aboco a una somera visión global. Quedó al desnudo los males de las sociedades presentes. 1) Desequilibrio total entre países ricos y pobres. 2) Desequilibrio en la política: se desvirtuó su finalidad. El populismo, gran mal, es un sistema fracasado en la realidad, por su ineficiencia. De allí, desequilibrio en educación y economía, formación de los ciudadanos, entre tantas otras. Despilfarro de bienes naturales, por falta de previsión y cuidados. El reto está en cómo cambiar este presente. Con mentes estrechas y materialistas no crecemos. Se hace necesario buscar la excelencia, que no es caer en aplaudir la soberbia, sino reconocer en la sencillez, el esfuerzo y la capacidad de dones naturales, de seres responsables y esforzados. A esto, sumarle la colaboración de todos nosotros como comunidad con buena dosis humanitaria. Es decir, encontrar la humildad perdida. Estímulo, colaboración, valores y el desafío: una nueva visión con humanidad para cambiar al mundo. Pensar en un mundo donde las fronteras sean superadas por la hermandad mundial, sería un sueño, una utopía que esta pandemia nos deje como enseñanza.

 

 

Por Beatriz Albaladejo
Licenciada en Ciencias Política y Sociales