Según sondeos sobre las necesidades que marcan el comportamiento social de niños, jóvenes y adultos, el sistema educativo argentino, desde la educación formal y no formal hasta la educación informal proporcionada por todos los medios de comunicación, requiere una urgente renovación de los contenidos de enseñanza e información, basados en la creación de fuentes laborales y una importante medida de instrucción para la formación cristiana.

Cuando esta situación problemática es tan generalizada y difícil de cualificar en términos estadísticos se hace necesario determinar las variables de mayor incidencia o de superior impacto en los paradigmas educativos implementados en un modelo de país. Evidentemente se pierde el rumbo en la educación cuando una multiplicidad de medidas satura de manera contundente el modelo diseñado. Es que no alcanzan las medidas de aumentar la cantidad de edificios escolares, planes o programas que despierten el interés del educando o propuestas didácticas de tecnologías que respondan a las necesidades actuales.

Niños, jóvenes y adultos se encuentran invadidos por imágenes, bebidas nocivas y ocio, según se observa. Es tal la invasión de intereses difusos propuestos por la sociedad actual que no se alcanza a visualizar con exacta precisión un número tan variado en porcentaje y tan complejo y múltiple en excesos que alteran el orden social. Plantea serias anomalías en pautas de conducta y comportamiento que van en desmedro de metas u objetivos. No obstante ello existe una fuerte retractación de estándares de vida que compensan aquellas irregularidades.

Es que el real problema está en la educación y el tiempo que a ella se le dedica en su calidad, pues, padres y Estado, se ven superados por índices más que preocupantes los cuales, aparentemente no han podido en todo este tiempo corregidos en beneficio de la sociedad.

Sólo una buena dosis de trabajo y formación cristiana alcanzará para "salvar”, lo que podría ser irrecuperable. Para ello se necesita la oportuna intervención gubernamental a través de sus dependencias específicas y la participación de la Iglesia en procura de lograr un objetivo común.

Estamos convencidos y persuadidos de que se está evaluando este cuadro problemático en forma seria y eficaz, pero también se requiere saber qué podemos hacer para colaborar en forma conjunta a una actividad de políticos y pastores, a fin de alcanzar objetivos positivos.