Pero en nuestro continente esa imagen es real y se repite a diario. Miles de menores centroamericanos de 12 años no acompañados tratan de cruzar la frontera entre México y Estados Unidos en busca de su "sueño americano”, empujados por sus padres en los países de origen o por quienes ya viven en el norte.
Lamentablemente para muchos de estos niños los sueños se convierten en pesadillas por obra y gracia de los traficantes de personas que los someten a abusos y explotación sexual. Otros logran pasar la frontera pero son detenidos y sometidos a procesos migratorios traumáticos, depositados en albergues temporales y luego deportados.
Hasta el momento, la inesperada ola de niños inmigrantes de Guatemala, Honduras y El Salvador sobrepasa la capacidad del gobierno estadounidense, más enfocado en una reforma legal para solucionar el estatus de más de 11 millones de indocumentados, que para atender esta "urgente crisis humanitaria” infantil, como la calificó el presidente Barack Obama.
No es para menos, en lo que va del año, más de 40.000 niños centroamericanos sin acompañantes fueron aprehendidos en la frontera. Por ello Obama creó una agencia multidisciplinaria para buscar soluciones, preocupado por la tendencia creciente de la crisis. Para fines de año se calcula que la cifra de niños que son detenidos queriendo cruzar la frontera subirá a 60.000, de los 7000 casos registrados en 2011 y 24.000 en 2013. Se pronostican 150.000 casos para 2015.
Tradicionalmente los movimientos migratorios se originaron por persecución política, crisis económicas y pobreza. Ahora la violencia y la inseguridad se sumaron como factores claves. Los padres prefieren el riesgo y la incertidumbre de la inmigración a la certeza de un presente pobre y violento para sus hijos, que sin opciones, terminan reclutados por narcotraficantes y pandillas juveniles.
Mientras tanto, al sur del Río Bravo, funcionarios centroamericanos y mexicanos excusan su ineficiencia, acusando a los traficantes que, en su afán por mayor clientela a 6000 dólares por cabeza, propagan rumores sobre que Washington concederá pronto una amnistía legalizando a todos los indocumentados. El tema es muy complejo. Los gobiernos centroamericanos enfatizan en que quieren un trato humanitario para los menores, que se les permita reencontrarse con sus familiares y se les legalice. En realidad temen que sus padres, indocumentados, también sean deportados y con ello tener que soportar la crisis humanitaria que ahora está del lado de EEUU y que, además, se desmorone el mayor ingreso de divisas para Centroamérica que representan los envíos de remesas familiares.
Por ahora, el peso de la crisis recae en la compasión o no que el gobierno estadounidense está dispuesto a sobrellevar y en la adopción de la reforma migratoria. Pero no podrá haber soluciones válidas sin el compromiso de México, que incentiva la crisis al hacer poco para detener el negocio lucrativo de los traficantes que cuentan con la complicidad de instituciones corruptas y que es responsable, de los robos, secuestros y abusos a lo que se expone el 70% de los inmigrantes que pasan por ese "corredor de la muerte”, como se le denomina a la travesía hacia el "sueño americano”.
