Los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: "Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco". Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer. Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto. Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos. Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato (Mc 6,30-34).

 

 

El evangelista Marcos relata el regreso de la misión por parte de los discípulos. Han experimentado la potencia de la Palabra, pero incluidas la fatiga y el rechazo. Jesús invita al reposo, en un lugar solitario, en su compañía: "Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco". Existe el momento de la misión y del compromiso, pero también el del descanso. Existe el tiempo de la acogida y el momento de la soledad. "Vengan": es un imperativo de parte de Dios, pero no por eso coarta la libertad, sino que le da verdadero sentido y la expande en su real dimensión. El "ir" es para "estar" con Jesús y aprender a conocer más su corazón. El mismo imperativo: "Vengan", es un verbo de seguimiento y de discipulado. La invitación es para ir al desierto (en griego: "eremos topos") de la pausa y de la calma, para "hablarnos al corazón" (Os 2,14). El tema del desierto va unido al del reposo, que en la peregrinación de Israel se convierte en símbolo de la tierra prometida (cf. Dt 5,30; 25,19). En los Profetas y en los Salmos, el reposo se convierte en un motivo mesiánico, combinado con la figura de Yahvé o del Mesías como "Buen Pastor" (Is 65,10; Ez 34,14; Salmo 22,2). Por eso el Salmo que hoy se canta, repite la antífona: "El Señor es mi Pastor, nada me puede faltar" y añade: "Él me hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas". La persona ve indicado el camino que Dios le traza: la paz y el reposo. Las aguas tranquilas, que literalmente son "aguas de reposo" (en hebreo "menûchôt") son las situaciones donde el orante ha experimentado el don de la salvación (cf. Sal 95,11). En el centro del salmo se encuentra la confesión de confianza en el Señor: "Tú estás conmigo". El orante se abandona sin reservas en él.


En los momentos de reposo y serenidad se aprende a no perder el estupor y a ensanchar el corazón. El poeta y escritor italiano Giacomo Leopardi (1798-1837), señalaba en su obra "Zibaldone" que "los niños encuentran el todo en la nada y los adultos la nada en el todo". Hemos perdido la capacidad para valorar las cosas pequeñas en las cuales se encuentra el todo. Hoy todos estamos apurados; corremos de un lugar a otro, vivimos sofocados por el trabajo e inmersos en una actividad frenética. Nos molesta la tranquilidad y nos ahoga el silencio. El hombre posmoderno parece necesitar sumergirse en la diversión, embriagarse en el ruido y alejarse lo más posible del poder pensar. Todo tiene que ser "ya": es la cultura de la inmediatez. En estos momentos es más necesario que nunca saber que "la vida no se improvisa, sino que se programa". Para programar la vida hacen falta dos componentes: ilusión y entusiasmo. Hay un detalle final en el evangelio: "Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella porque estaban como ovejas sin pastor". Lo primero es el verbo "ver". Se lo encuentra con frecuencia en la Sagrada Escritura referido a Dios. Él es quien ve y provee. El segundo verbo es el de la compasión. La mirada de Jesús no es una fría observación de un sociólogo o la desapegada mirada de un reportero gráfico. Él mira siempre con los ojos del corazón. Por eso, cuando alguien sufre siente compasión hasta la conmoción. Se "compadeció de ellos". El griego original y el hebreo que está detrás de ese verbo, dice mucho más: "se le estrujó el corazón". Jesús, más allá de la miseria material, de las enfermedades, de las penurias, ve en esas personas algo más hondo: estaban desorientados, "sin oriente ni horizontes". Mientras haya personas con compasión, hay futuro. Trabajemos juntos y conscientes de que "lo que podemos hacer, tal vez sea una gota en el océano, pero es esa gota la que puede dar significado a toda nuestra vida y a la de los otros" (Madre Teresa de Calcuta).




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"Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco".