La frase pertenece al poeta estadounidense J.G. Holland (1819-1881), con la que da nombre a uno de sus más conocidos poemas. "Subimos paso a paso hacia la cumbre" a través de una escalera que construimos "desde la tierra a los abovedados cielos", dirá el poeta.
Sin embargo, el mensaje del poema trasciende la dimensión religiosa, y bien puede aplicarse al esfuerzo y al mérito en la vida cotidiana. En ese sentido, cada uno de nuestros esfuerzos, grandes o pequeños son como peldaños que nos permiten alcanzar nuestras metas. Las cosas no se alcanzan sólo con desearlas, es necesario, además, trabajar para ello. En lo magno y en lo nimio, es prueba de convicciones y fortaleza quien pone su mayor empeño y esfuerzo día tras día para lograrlo.
JUSTICIA Y MÉRITO
De un tiempo a esta parte, la palabra mérito tiene mala prensa. Se ha llegado a sostener incluso que en la base del mérito hay algo de injusticia, cuando en realidad, es todo lo contrario. La misma noción de mérito lleva implícita la idea de justicia. Repasemos algunos conceptos. Mérito, del latín meritum, es la obra o acción que convierte a una persona merecedora de un premio. De alguna manera, el mérito es aquello que justifica un reconocimiento o un logro. Sí por Justicia entendemos la virtud de dar a cada uno lo suyo, fácilmente se deduce la relación entre ambos. Se premia o recompensa el esfuerzo, el trabajo, la responsabilidad que cada uno pone para el logro de sus objetivos o metas.
LAS CONDICIONES DEL MÉRITO
Ahora bien, el concepto de justicia está garantizada por las condiciones del acto meritorio. No toda obra merece recompensa. Para que la acción sea meritoria requiere dos elementos: -que el acto sea moralmente bueno en sus tres elementos: en su objeto, fin y circunstancias y -que sea realizado libremente, tanto de coacción externa como de necesidad interna. No hay mérito ni mucho menos recompensa, sí la acción es deshonesta o la libertad está viciada o anulada. Así, por ejemplo: no hay acto meritorio sí el fin es malo, aunque el objeto del acto sea honesto. Es muy diferente comprar un saco para cobijarse o vestirse, a comprar carteras compulsivamente con el fin de satisfacer la propia avaricia. Para que un acto sea bueno y por ende meritorio, es necesario que concurran los tres factores de la moralidad: la bondad del objeto, la rectitud de la intención y la conveniencia de las circunstancias.
¿QUÉ SE RECOMPENSA?
Según la doctrina del mérito brevemente expuesta, dijimos que se recompensan las obras buenas. Buscar el bien, obrar bien y persistir en ello, en tiempos moralmente tan convulsionados, es motivo suficiente de recompensa. En ese sentido, la Fortaleza como virtud moral que muestra quien persigue el bien difícil sin decaer ante el miedo y las contrariedades, merece ser recompensada. No es lo mismo, quién fácilmente declina en su voluntad de obrar bien, que aquel que muestra fortaleza y esfuerzo en la decisión de hacer lo moralmente correcto. La injusticia estaría en igualar ambas situaciones, no en diferenciarlas. La relación entre el mérito y la recompensa solo puede ser entendida por la virtud de la justicia.
Vaya una reflexión final. No se llega al cielo de un solo brinco, subimos paso a paso hasta la cumbre. Tampoco se obtienen rosas sin arremangarse y excavar la tierra. No importa el tamaño del jardín (ni de la meta que persigamos). Sí anhelamos algo de valía, hay que trabajar para ganarlo y resistir los embates de quienes procuran tirar para abajo. De allí la razón de la justicia del mérito.
Por Miryan Andujar
Abogada, docente e investigadora
Instituto de Bioética de la UCCuyo
