Cada verano, de modo especial, las noticias de un aumento de accidentes de tránsito ponen de manifiesto la escasa educación vial y sentido de respeto a la vida propia y ajena de parte de la mayoría de quienes recorren las calles y rutas de nuestro país. Las fallas humanas causan el 90% de los accidentes de tránsito, de las que resultan unas 22 muertes evitables por día en la Argentina, unas 8000 anuales.

Investigadores de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Mar del Plata observaron que, en general, los autores de accidentes automovilísticos que desembocaron en muertes o lesiones graves no se perciben a sí mismos como culpables. Y no terminan de asumir su responsabilidad, aun luego de haber recibido la correspondiente condena judicial. En equipo con la fiscalía de Mar del Plata, un grupo de psicólogas coordinó en 2009 grupos de reflexión con 30 personas de 18 a 65 años procesadas y sentenciadas por haber lesionado o matado a otros en un accidente de tránsito. Las conclusiones del trabajo, presentadas en el reciente Congreso Marplatense de Psicología, producen escalofrío.

El primer dato que sorprendió a las psicólogas fue el relato "desafectivizado" de los participantes. El atropello y la muerte de un semejante, con el agravante de haberlo provocado, no les despertaban una respuesta afectiva: ni culpa ni dolor. Apenas la molestia por los inconvenientes que el proceso judicial les estaba ocasionando. Esta sugestiva anestesia emocional evidencia la degradación del otro como semejante, con una dosis preocupante de indiferencia frente a la vida ajena que debe ser siempre respetada y custodiada. La actitud cambia frente a la sanción, que se inicia con el registro de las huellas digitales en la comisaría. Los primeros encuentros se desarrollaron en torno a la dificultad para poder implicarse como responsables del hecho por el que fueron imputados. Los participantes mostraron impotencia y sensación de injusticia por haber sido procesados cuando ellos no se consideraban los responsables del accidente.

Detenerse en cualquier esquina permite observar que las transgresiones a las normas de tránsito están generalizadas. No es difícil encontrar conductores agresivos que actúan como si los peatones fuesen sombras que se pueden atravesar.

Para las investigadoras de la Universidad de Mar del Plata, el fenómeno que aparece con tanta crudeza en el terreno de la inseguridad vial no es ajeno a lo que está sucediendo en nuestra cultura, que promueve el individualismo y no facilita, justamente, el encuentro solidario entre las personas.