Los jóvenes acusados de asesinato en Villa Gesell.

Las sociedades generalmente evolucionan. Incorporan nuevos valores o perfeccionan los que ya atesoran. Sin embargo, eso que en los países más cultos es normal, en otros no ocurre, y lo que ayer fue valioso hoy se abandona o sustituye por otros criterios de vida, otros modos de convivencia. Es uno de los dramas de nuestro país. Hoy la violencia se ha adueñado de nuestras calles. Es una falacia periodística afirmar que los jóvenes potencian la brutalidad en determinados ámbitos o circunstancias, según su clase social o el deporte que practican.

El crimen cometido en Villa Gesell por jugadores de rugby no pertenece al rugby, pertenece a una sociedad que ha trocado sus valores por perversiones. El espantoso episodio nos pone de frente a una realidad insoslayable: determinados crímenes, tal este perpetrado en banda por jóvenes provenientes de estratos sociales más acomodados, tampoco está propiciado por la clase social, como si alguna tranquilidad económica relajara la moral y favoreciera asesinatos. Si bien es cierto que los grandes delitos se perpetran en abuso del poder, generalmente por la clase política y corruptos de guante blanco, también es insoslayable que el asesinato en plena calle de turistas extranjeros, el secuestro de personas con fines de extorsión, la piratería del asfalto, los motochorros armados y las mafias del fútbol, entre otras tropelías actuales, no provienen de clases sociales más favorecidas y demuestran que la violencia no es patrimonio de determinado deporte o estrato social sino de todos.

Pero, a mi criterio, lo más preocupante es la adopción por parte de los delincuentes violentos de "reglas" de conducta salvajes, como la masacre en banda, en patota o manadas. Lo que implica reconocer que, en estos comportamientos ya no hay un solo código moral o principio que frene lo más salvaje. En épocas pasadas, un hombre jamás le pegaba a una mujer, un mayor a un niño, un joven a un anciano, uno más fuerte a uno más débil, y en ninguna circunstancia se atacaba en patota a una persona que no podía defenderse. Pero hay un dato horrendo que se agrega a estas conductas inhumanas: hoy se le pega brutalmente entre varios a alguien en el suelo y mediante patadas en la cabeza, modo claramente dirigido a exterminarlo o al menos desfigurarlo o dejarlo gravemente herido.

En muchos casos, la cobardía se ha adueñado de la hombría. El terror mata día a día al respeto y la dignidad humanas. El desprecio por el otro ha llegado a límites propios de animales salvajes que luchan por la subsistencia, cuando lo que está provoca el caos es un simple empujoncito casual o una mirada que desagrada al potencial criminal.

¿La droga destructiva o el alcohol han creado estos monstruos? Al parecer no, pero pueden potenciarlos. Los asesinos de Villa Gesell estaban totalmente sobrios.

 

Por Dr. Raúl De La Torre
Abogado, escritor, compositor, intérprete.