Escribió Pitágoras que todas las cosas pueden ser expresadas en términos numéricos porque son, en última instancia, reducibles a números. Nunca como hoy es válido el concepto griego de que aún las letras representan números, cuando cada ser es un código de varios dígitos a los fines civiles. Los números, que piensan y empujan desde atrás, tienen mejor vida que las personas pues la memoria es el mejor remedio de la historia, y debe ser usada para el bien con inteligencia.

Estadística es un conjunto de técnicas y métodos desarrollados para recopilar y presentar análisis de datos. Literalmente es la ciencia del Estado, y así, la colección y evaluación de signos, en particular numéricos, para el estudio del mismo, sus funciones e instituciones. El objetivo es proporcionar a los organismos públicos y privados la información cuantitativa básica de interés general necesaria para conocer, investigar y aplicar políticas y programas útiles para el desarrollo social, económico, ambiental, científico y tecnológico del ente, la región y el país en el mundo. Muestra a ciudadanos y gobernantes exámenes y razones sobre gestión, curso y resultados sin tendencias ni ocultamientos, demostrando con certidumbre y realismo, que sólo una persona comió un pollo y no dos personas medio pollo cada una. La estadística ilumina y sirve de sustento válido para quien quiera respetar, cambiar y trazar otros caminos posibles con argumentos. Se conocen datos estadísticos desde 5 milenios atrás: asirios, egipcios, caldeos, griegos aportaron los suyos, hoy verificables.

Es curioso que los mayas conocieran muy bien los números -incluso el cero-, y su portentosa aplicación. Tanto más asombra que los romanos no conocieran el cero, y así rigieron y extendieron su enorme talento en todas las ciencias aplicadas durante dos milenios.

Como ciencia bien explicitada tiene sólo una centuria de años, pero el país argentino adolece de una política seria al respecto. Los archivos y datos son entelequias burocráticas desacreditadas y obsecuentes incondicionales al poder de turno. No hay menos pobres ni ricos por tener un ingreso de moneda en más o en menos, sino que la inserción en el medio social determina el quién, cuánto y cómo en orden a una vivencia real y objetiva, para un reparto justo y equilibrado. Es así que el ingreso jubilatorio en realidad no supera el 50 % del salario real, público o privado, cuando se establece el 82 % móvil, de respetarse la ley que así lo dispone, y que la evidencia práctica desmiente con dolor. A los fines previsionales todos los números oficiales son mentirosos. Los gobiernos del poder ocultan, fraguan y niegan información, beneficiando su posición y perjudicando a la nación, lo que impide analizar factores comunes que alumbren y decidan de verdad causas y situaciones primarias de bien público.

De no haber estadísticas creíbles no existe planificación posible, y la concurrencia de estos factores digitados ensombrece el futuro de país serio, libre y equitativo, con traslación de resultados funestos a otra generación por ello más ignorante, a la deriva crónica y sometida a ajenos, grises y mezquinos intereses. Sucede entonces que el empleo común en negro es la norma y la regularidad la excepción, y el principal transgresor de las leyes es el Estado, apropiado por gobernantes al paso, quien las dicta y fuerza su cumplimiento, lo que trastorna todo un orden civil y un sistema ajustado a derecho de conciencia.

Un alumno desea conocer la superficie de San Juan y anota: 86.137 en Espasa; 89.651 oficial en 2003; 92.789 en escritos y fuente oficial actual; 92.790 en Turismo provincial. Esta es nuestra realidad, la misma que registra al ciudadano argentino ubicado, con lo básico, en el 8% de los habitantes más ricos del planeta, esos números ignorados que acusan a la tecnología porque, aplicada al lucro, crea más hambre, pobreza y desigualdad.

Carentes son todos los habitantes del mundo con razón, pues todo ser humano carece de algo que desea y no tiene, y aún pudiendo no posee. La palabra carenciado/a no es aceptada por el lenguaje culto, aún conociendo su claro significado, y no aparece en algunos diccionarios de la lengua española. Pero lo cierto es que 1.100 millones de habitantes carenciados del globo "viven” con menos de un dólar diario; y en Argentina el 10 % de su población. Es por ello que se acude, por creíbles, a las organizaciones no gubernamentales -ONG- que han proliferado en un mundo a la defensiva, para desenmascarar gobiernos, Estados y corporaciones sociales encumbradas mentirosas, indecentes y manipuladoras, cuando es justo y necesario saber con certeza datos fieles y números exactos para corregir, advertir y adecuar políticas honestas en aras del bien común de la humanidad sin exclusiones, desvíos ni privilegios.

El capital real de un tal Gates es mayor que el valor de toda la producción argentina de dos años. Los números sirven para entender y encumbrar otros valores, como la distancia a la cuestión de ser o no ser.