Desde que asumió la Secretaría de la Organización de Estados Americanos (OEA), en mayo de 2015, Luis Almagro ha dado a la entidad un giro inédito, al volcarse de lleno a hacer respetar el acuerdo hemisférico, en particular la vigencia de la democracia. La pasividad complaciente de las conducciones anteriores dejó pasar graves transgresiones a las libertades fundamentales, contrastando con la firmeza del ex canciller uruguayo.
Como era de esperar, Almagro ha chocado con la fracasada revolución bolivariana en manos de Nicolás Maduro. La crisis venezolana ha promovido en la OEA continuos pronunciamientos y denuncias sobre la situación política, económica y social que se vive ese país. En mayo último, la entidad resolvió activar para Venezuela la Carta Democrática de la OEA, un mecanismo que podría llevar a la suspensión del país en el organismo, dando lugar a la ira de Maduro, acusando a Almagro de pretender una intervención extranjera en Venezuela. ‘Si el imperialismo norteamericano, a través del secretario general de la OEA lograra intervenir Venezuela, nos tocaría iniciar una resistencia histórica que nos llevaría a una batalla hasta la victoria final de nuestro pueblo”, advirtió el cuestionado heredero del chavismo.
La firmeza de Almagro no cedió y, por el contrario, acaba de proclamar el ‘final de la democracia” en Venezuela en una nueva escalada del enfrentamiento con Maduro. En una carta dirigida al opositor Leopoldo López, cuya condena de casi 14 años de cárcel acaba de ser ratificada por la justicia oficialista, el titular de la OEA declaró que en Venezuela hoy no rige ninguna libertad fundamental ni ningún derecho civil o político; calificó al gobierno bolivariano de ‘régimen” y a la situación que impera en el país de ‘tiranía” porque según sostiene que se traspasó un umbral que significa el fin mismo de la democracia.
Incluso Almagro puso fecha al colapso institucional: el pasado 12 de agosto, día en que la Corte de Apelación de Venezuela ratificó la condena contra López. Lo califica como el hito que marca la terminación del Estado de Derecho: ‘Analizo una vez y otra el tema y estoy convencido de que no quedan razones jurídicas, políticas, morales o éticas para no pronunciarse y condenar a un gobierno a estas alturas con características de régimen que se ha descalificado a sí mismo”, dice en la carta publicada en Internet. Para un diplomático de carrera sin duda es una condena inapelable.
