En todas las catedrales del país, este 25 de mayo se elevó la oración de acción de gracias por el Bicentenario de la patria. El Tedeum es un antiguo himno que tiene más de 1.600 años y ha servido en los momentos significativos de la historia argentina para unir la entera comunidad en actitudes ennoblecedoras y dignificantes.
La Primera Junta, que asumió la soberanía del pueblo ante la invasión napoleónica, ordenó el Tedeum, con la mayor solemnidad posible, como uno de sus primeros actos de gobierno, lo cual se concretó en la Catedral de Buenos Aires, en ceremonia presidida por el obispo Lué y Riega, y fue predicado por el sacerdote Diego Estanislao Zavaleta, el 30 de mayo de 1810. Pocos días después, el cabildo de Luján dispuso hacer rezar, el 17 de junio, un Tedeum por la instalación del primer gobierno patrio.
El cardenal Jorge Bergoglio abrió el martes la celebración con una frase de tono conciliador respecto del Tedeum celebrado en el santuario de Luján al que asistió la presidenta Cristina Fernández de Kirchner al decir: "Nos unimos a quienes rezarán desde la casa de la Madre de la Patria". El primado de Buenos Aires evitó toda confrontación. Por eso se limitó a leer un documento que el Episcopado había elaborado en marzo pasado sin agregar nuevas apreciaciones. En el primer tramo de su homilía aseguró que la celebración del Bicentenario merece un clima social y espiritual distinto al que estamos viviendo. Además, señaló que urge recrear condiciones políticas e institucionales para superar el estado de confrontación permanente que profundiza nuestros males, y se requiere una actitud de grandeza de parte de todos los argentinos, en particular de sus dirigentes.
El Tedeum celebrado en Luján por el arzobispo Agustín Radrizzani y al que asistió la presidenta de la Nación, estuvo cargado de reclamos y advertencias a la dirigencia política, pese a lo previsto. El prelado pidió fortalecer el consenso, superar partidismos e intereses personales, y buscar soluciones superadoras. La clase política argentina debiera recoger la enseñanza demostrada por la ciudadanía en esta celebración. A lo largo de todo el país prevaleció el deseo de unidad en un clima de paz.
Mientras que algunos políticos no quisieron dejar de lado las rencillas y la confrontación, ni siquiera en esta fiesta nacional, los argentinos demostraron una vez más que para ser una Patria grande que honre la memoria de los próceres, hay que dejar de lado los egoísmos, priorizando el respeto y los consensos.
