"La literatura consuma su ser en el libro”, había dicho el pensador Michel Foucault. El pasado 23 de abril fue conmemorado el "Día del Libro”, y arrancó allí la "Feria Internacional del libro en Buenos Aires 2015”. Y, muchas obras empezaron a exhibirse como estandarte de lucha en una sociedad que desde el acceso a la cultura pretende nivelar las diferencias y las barreras de desigualdad cultural y económica. Es que cada feria del libro, pretende de alguna manera promocionar en una especie de fiesta tradicional a títulos, editoriales, artistas, escritores conocidos, nobeles, relatores, cuentacuentos, periodistas e investigadores, como una forma de ahondar en la verdad de cada palabra dicha o escrita. Se busca fomentar, entre otras cosas, la lectura, la industria editorial, y la protección de los derechos del autor.

Pero, ¿qué significado tiene el concepto foucaultiano de que la literatura consuma su ser en el libro? Foucault era el intelectual que desplegaba en "Las palabras y las cosas”, un pensamiento crítico que pudiera analizar la influencia de los mecanismos de poder. Precisamente, este conocimiento filosófico del pensador francés halló sus bases en la Literatura. Hablaba de que el S.XVIII era de un período clásico, donde el lenguaje era "mudo y primitivo”. Es decir, que anclado en un origen pionero toda letra continuaba con este mensaje pactado o tradicional, o verdad respetada.

No obstante, siguiendo a Foucault, luego del S.XIX se deja de escuchar fielmente esta palabra primaria, y en su lugar, "se hace oír el acumulamiento de palabras ya dichas”. Es decir, es allí cuando surge la Obra propiamente como novedad, o que repite bajo signos de palabras fonéticas, lo significativo pactado. De allí, esta frase que retumba como bomba hasta nuestros días: "La literatura comenzó el día en que el espacio de la retórica fue sustituida con lo que se podría denominar el volumen del libro”. Precisamente, para redondear, en la época clásica se "representaba” el lenguaje ya hecho del texto, en el mismo teatro de Shakespeare, por ejemplo. Pero, luego se deja de interpretar en el teatro, dando lugar al libro.

¿Qué vendría a ser el libro entonces? El libro vendría a ser suyo el proyecto alocado, siempre frustrado de intentar literatura, pero ya no en representar lo dado, sino en la de "transgredir” en un sentido propio algún tema, allí donde no hay más que un sujeto que piensa, desafía o escribe.

Aunque, ¿a este vuelo teórico la palpamos en la realidad actual? Me atrevería a decir que en este presente donde se escribe y se publica de todo, pero que no se fija límites, tan ocupados en ir desmesuradamente contra lo heredado o tradicional, deberíamos hacer hincapié en dos ideas: "La gran vigencia y el gran retorno”. Con el primero, podríamos pactar con aquellas cuestiones esenciales que ante lo novedoso, no se deberían descuidar. Ante tanto adelanto es bueno parar y meditar, que es distinto a pensar, aquello que rescato o dejo antes de meterle para adelante. Observar en antepasados, aquel espíritu original y vigente, ante lo moderno. A ello, lo podemos palpar en un ejemplo: En educación muchos auguran que son necesarias las reformas. Pero, frente a ello de nada sirve armar discursos fonéticos bellos y progres, si se cae en la hegemonía cultural. Es que la idea, texto, sólo cobrará su fuerza real, "cuando haya más regulación, si: mejor calidad, también, en un sistema transparente de financiación, ingreso, progreso, trabajo y acuerdo”. El libro es cultura, pero la educación, es primaria.

Con el segundo, tendríamos la capacidad de saber "retornar a las cosas”. Sería la capacidad de representación crítica de lo heredado, ya sea frases, ideas, frente a algún mecanismo transgresivo novedoso elitista. Es decir, aquel pensar capaz de desafiar a la muerte nietzscheana, "como el fin de la novedad moderna y el retorno de un ciclo de luces”, (Kehere= vuelta de Vattimo). Por ejemplo: En un contexto donde se hace una amplia reforma educativa es bueno mirar el origen. Muchos gobiernos del mundo se propusieron como metas el acceso masivo a la cultura y a la educación superior, pero ¿esa educación dará resultados óptimos si anuncia estadísticas y contención en desmedro de la calidad? O, también, saber repensar con luz original la ciencia, ante las catástrofes ambientales.

Para concluir, el libro es como la vida, y así como hay muchos libros, hay muchas personas, idiomas, y tipos de pensamientos diversos. Aunque, lo clave está en no perderse con frases rimbombantes, vacías o dogmáticas, "no con que de escritos vanos, sino con qué de escribanos”. En palabras de Brisset: "Palabra, ¿qué eres pues? Soy Pi, la potencia, ar que vuelve atrás, pero ole que camina siempre en luces hacia adelante”.

(*) Periodista, filósofo y escritor.