El corto plazo gobierna y se impuso en los usos y costumbres argentinos. Esto se refleja en las estrategias de gobiernos, empresas y hasta del inversor.
Es el poder fáctico del "minuto a minuto", tras la búsqueda de la satisfacción inmediata manifestada en la necesidad de vivir hoy. El corto plazo se fue incorporando a lo cotidiano y, aunque no sea un fenómeno novedoso, la tendencia se acentuó en los últimos tiempos.
Según la consultora Grant Thornton, en Argentina, los inversores muestran la tendencia: una minoría de los plazos fijos supera los 60 días. Las empresas, si bien a escala mundial planifican sus negocios de 1 a 3 años, en nuestro país el 71% de las compañías elabora planes a 12 meses como máximo. Los ciclos económicos son la prueba más contundente: en los últimos años, más allá de cualquier gobierno, no se sostuvo ningún proyecto de largo alcance. Obvio, cada 7 años hubo una crisis. Sin duda que las raíces de este fenómeno están en la falta de políticas de Estado, la inestabilidad jurídica y la carencia de consensos entre el sector y el privado.
La Argentina necesita concentrar sus esfuerzos en promover un acercamiento entre los distintos grupos de interés y de poder, con el objetivo de establecer pautas esenciales, que nos guíen hacia una efectiva estabilidad institucional, política y económica, en las próximas décadas.
Mientras hay naciones que planifican a 30 ó 40 años, para nuestro país es difícil, por ser presa de las coyunturas cíclicas. Este es el gran desafío que se debe enfrentar con firme decisión.
