La inseguridad es de alcance mundial como consecuencia de crisis económicas, al avance del narcotráfico, la corrupción institucional y los conflictivos armados. La percepción de la inseguridad en la comunidad de diferentes países, la refleja anualmente la firma encuestadora Gallup, tomando como referencia las estadísticas delictivas y la opinión de la gente tomando en cuenta la confianza en la Policía local.

El último estudio determinó que los países latinoamericanos se encuentran entre los más peligrosos del mundo, por delante de los africanos y de Rusia, no obstante una leve mejoría registrada en los últimos cinco años. En la tabla se señala a la Argentina en el puesto número 8 de las naciones más inseguras de la región, donde es líder Venezuela.

El caso venezolano es detonante: solo el 19% de los adultos dijo sentirse seguro al caminar en su barrio, mientras el 74% desconfía de la Policía local y el 22% dijo haber sido víctima de un delito o tener también familiares afectados. En otro informe, pero de las Naciones Unidas, se asegura que la inestabilidad política y económica en Venezuela contribuyó a la inseguridad ciudadana, y que sigue a Honduras en cuanto a homicidios, con 53,7 muertes por cada 100.000 habitantes.

A diferencia de la gran inseguridad causada por la guerra civil en Siria y los disturbios en Egipto, que arrastraron negativamente la media de los países árabes en los últimos años, seguidos por el norte de África y el sur de Asia, en América latina y el Caribe influyeron el tráfico de drogas y el crimen organizado, sumado a la corrupción y al sistema institucional inestable. Después de Venezuela, los ciudadanos bolivianos, peruanos, paraguayos y dominicanos afirmaron sentirse más inseguros en sus países.

En el otro extremo de la evaluación, Nicaragua encabeza la lista de las naciones latinoamericanas menos peligrosas, seguida por Panamá, Chile, Ecuador y Uruguay, con una acentuada mejoría en los últimos años, gracias al éxito obtenido en la lucha contra el crimen, el control de armas, la autonomía del sistema judicial y la confianza de la comunidad en los sistemas preventivos. Según las conclusiones del informe, las instituciones sólidas y el alto índice de desarrollo humano contribuyen a percibir seguridad y confianza en las autoridades por parte de la población. Y pone como claro ejemplo a Panamá, una economía en crecimiento que genera muchos recursos y puestos de empleo, un freno para la marginalidad.