El manejo político para afrontar la crisis mundial en nuestro país sigue con improvisaciones, más allá de estar en recesión como señalan consultoras privadas, o si se mantiene el crecimiento según las autoridades.

El Gobierno nacional dictó paliativos para mantener el consumo de bienes durables, pero la complejidad financiera y operativa los llevan lo frenan, como lo demuestran las ventas, a casi cinco meses de la implementación. Las dificultades empiezan en las líneas de producción y terminan en el cliente. Es el caso del plan más ambicioso, "Mi Primer 0 Km", lanzado en diciembre último: sólo se entregaron 1.500 unidades de las 100.000 previstas, según la Asociación de Concesionarios de Automotores (Acara). Lo mismo ocurre con heladeras, lavarropas, cocinas, termotanques, calefones, bicicletas, motos, automóviles para taxis, camiones y utilitarios. Es que además de la maraña administrativa, las fábricas deben adaptar los modelos promocionados para bajar costos, eliminando accesorios, colores y opcionales de las series normales.

Distinto sería si se hubiese seguido el ejemplo fiscal de Brasil. Para estimular el consumo, Lula da Silva rebajó impuestos y tributos a empresas y el IVA en las ventas. Gracias a la menor carga impositiva, las ofertas atraparon al público, sin complicaciones burocráticas como las nuestras.

Otro impacto hubiese tenido en nuestro país una política de consumo que atenuara los efectos de los ingresos brutos, el denominado impuesto al cheque, sin las sobre-imposiciones que aplican provincias y municipios, y aplicar un IVA diferenciado.