La poesía es arte en el que culmina la capacidad emocional comunicativa del hombre, es expresión artística de la belleza por medio de la palabra, algo tan inefable como indefinible, tal vez como un cósmico sustrato del alma, con características diáfanas que emanan de la infinitud del espíritu. El sustrato, como sustancia atinente en el pensamiento, es una realidad que existe por sí misma, y su incidencia en estratos superiores es la base ocasional o permanente de modificaciones y acomodamientos que, aplicados en la poesía, la estructuran sutilmente en su forma lírica, haciendo de ella una concepción única de la expresividad humana volcada en el lenguaje hablado: está más allá de cualquier vulgaridad anodina, cuya insulsez, trivialidad, y falta de consistencia producen flojedad idiomática, no alcanzando a tener la esplendencia propia de un lenguaje poético elevado.

Aunque la prosa también alcanza ciertas latitudes vivenciales de romanticismo dentro de su mayor profundidad narrativa, su gracejo de idioma no alcanza para el total "uso" de la sensibilidad anímica, lo que en poesía implica inapreciables cualidades generadoras de la armonía y de la cadencia, aun careciendo de metro y rima. Se entiende por verdadera o plena poesía a la que fluye por innata insondable vocación, y que, al momento de darse, se aposenta, selectiva, en almas privilegiadas.

Cual la música, la poesía, antes de verterse, está intuida como inquietud precognitiva del espíritu; esto le confiere, entre las demás artes bellas, una viva musicalidad propia de lo etéreo, propicia para ser entendida y asimilada en función de poder considerarse otra fuerza moral en el hombre.

Cantar de gesta, canción de gesta, romance de gesta, son enunciados idiomáticos que encierran un género lírico que se plasma, con intrínseca valía, en "poesía de gesta". Dentro de ello acusamos presencia de la poesía juglaresca, marcadora de una época en que la poesía "andaba" por caminos comarcanos de la mano de aquellos pintorescos juglares, que cantaban o recitaban poesías de los trovadores, constituyendo su voz el acuño poemático durante el feudalismo (s.X a XIII), indudable hito lírico de transmisión oral producido a mediados de la Edad Media (s.V a XV).

La poesía juglaresca -otro "gajo" concatenante en la gráfica histórica de la poética europea- con su natural desarrollo en el decir de los cantares y romances de epopeya, significó un período singular en la recordación de heroicos hechos ciertos, tales el "Romance del rey Rodrigo", último rey visigodo en Toledo (s.V d.C.), y el "Cantar de Mio Cid" -cantar anónimo más antiguo de la poesía de gesta castellana-, Rodrigo Días de Vivar, caballero castellano que entró en la leyenda (a.XI).

En el "mester de juglaría" (menester) -propiamente el oficio de los juglares- otras manifestaciones referían sucesos de galana ingenuidad, o de trágica hermosura, o versiones de antiguas leyendas, tal el poema épico alemán "Canción de los Nibelungos" (s.XIII), la epopeya más popular de la antigua literatura alemana, en la que Richard Wagner (1813-1883) se inspiró para componer su tetralogía operística -cuatro operas diferentes- que él aunó bajo el título de "El anillo de los Nibelungos".

La adaptación de la poesía a las diferentes épocas por las que pasa, intrínsecamente la hacen un importante módulo con el que se puede contrastar el volumen cultural de los pueblos.