A pesar de los altos costos internos que soporta el productor apícola, la Argentina se posiciona como tercer proveedor mundial de miel, detrás de China y Turquía, gracias a la calidad de las 70.000 toneladas anuales exportadas en promedio, que podría ser mayor si el sector tuviera incentivos para alcanzar mayor competitividad con alto valor agregado.
Según informes oficiales, en nuestro país existen aproximadamente 2,8 millones de colmenas, aunque el verdadero potencial podría estar en alrededor de los 10 millones si se tiene en cuenta las zonas donde no existen estadísticas o hay capacidad ociosa. Por eso está la factibilidad de duplicar el número de colmenas sumando zonas que poseen buen rendimiento y calidad de miel, pero fuera de la principal área fabril.
La miel se produce a lo largo del país, pero cinco provincias concentran aproximadamente el 80% de la producción anual:
Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y La Pampa. El resto del territorio aporta el 17% del total producido. De allí la importancia de ampliar el desarrollo apícola en zonas que pueden ser marginales para el agro, pero de gran potencial para la diversificación económica basada en la miel. Los estudios señalan a las regiones del Noroeste y Noreste como alternativas válidas debido a que poseen amplias áreas de terreno virgen conjuntamente con un clima adaptable a la apicultura masiva.
Estas zonas incluyen a San Juan, con posibilidades para el desarrollo de producciones con denominación de origen o mieles diferenciadas únicas en el mundo, ya que hay especies vegetales que no se encuentran en otros lugares, caso del quebracho que le da un color diferente a la miel, una particularidad muy apreciada en los mercados de ultramar. Pero para esto es fundamental el estímulo tanto para la diferenciación de origen de la miel, como por el valor agregado que contiene.
La miel argentina se vende a granel y en el lugar de destino se mezcla con otras mieles para el producto final que llega al público, sin especificar el origen de la materia prima. Pero también existen desventajas competitivas que desalientan a la hora de exportar por los altos aranceles que se pagan al salir del cepo del Mercosur. El ingreso de la miel argentina al mercado europeo paga 17,3% de arancel, mientras Chile solo el 0,2%, gracias a sus excelentes acuerdos comerciales.
