La relación entre los esposos o de los padres con los hijos, es un tema que permanentemente aborda el papa Francisco con el fin de fortalecer la célula básica de la sociedad y, en particular, si los problemas afloran en el núcleo familiar hasta disgregarlo por la incomprensión y las ofensas.
En la audiencia general de los miércoles en la Plaza de San Pedro y ante unos 10.000 fieles, el jefe de la Iglesia católica realizó un nuevo llamado para encauzar las desavenencias familiares y resolver los problemas y contrastes que se presentan en la convivencia mediante la misericordia y reconociendo las culpas para no cortar las relaciones.
Bergoglio comparó la justicia humana, que solamente limita el mal, no lo vence, es decir no lo hace desaparecer, en cambio la justicia divina supera el mal contraponiéndolo al bien. ‘La Sagrada Escritura nos presenta a Dios como misericordia infinita, pero también como justicia perfecta. Parecerían dos realidades que se contraponen, pero no es así’, afirmó Francisco, a la vez de destacar que la misericordia de Dios es lo que hace que se cumpla la verdadera Justicia. ‘El camino privilegiado que la Biblia nos señala para alcanzar una auténtica justicia es aquel en el que la víctima, sin recurrir al tribunal, se dirige directamente al culpable, apelando a su conciencia, para que comprenda que está realizando el mal y pueda convertirse’, afirmó el obispo de Roma.
Con el énfasis que Francisco aborda las cuestiones familiares, trazó diferencias entre una vía donde prevalece el amor y otra basada en la administración legal. El papa exhortó al culpable a reconocer su culpa para alcanzar el perdón que la parte ofendida le ofrece, porque el ofendido ama al culpable y no quiere perderlo, sino recuperar la relación desgarrada. Esto es diferente en la justicia retributiva que impone un castigo a los culpables cuando se llevan los problemas familiares ante un tribunal en busca de resolverlos, aunque quedan heridas abiertas entre otras secuelas irreversibles.

El Papa argentino pone a los desequilibrios familiares en la conciencia de los propios protagonistas, cónyuges, padres e hijos, para plantear en el diálogo familiar lo que está bien y lo que está mal y debe corregirse por el bien de todos, de manera de alcanzar una auténtica justicia a partir del sinceramiento que ordena la conciencia. En esa instancia la justicia divina sostenida por la misericordia, que debe ser convocante para entender en la compleja relación humana, es la fórmula que reclama Francisco para la unión familiar.