Entre las tantas fechas emblemáticas que se conmemoran en la Argentina, se encuentra el Día del Padre. En nuestro país el primer festejo se realizó un 24 de agosto de 1958, en honor a José de San Martín, considerado "Padre de la Patria”. Años más tarde, en los ’60, se modificó el día y se resolvió que las celebraciones se realicen en el mes de junio.
Las raíces de los festejos se remontan a junio de 1909, en los Estados Unidos, cuando una mujer llamada Sonora Smart Dodd, decidió homenajear a su padre, Willian Dodd, un veterano de la guerra civil estadounidense. Tiempo después, en 1966, el presidente Lyndon B. Johnson instauró en ese país como fecha conmemorativa el tercer domingo de junio.
El psiquiatra español Aquilino Polaino Llorente, explica que la ausencia paterna del contexto familiar constituye una ruina de la familia, pudiendo hacer más daño psicológico a un hijo que su natural ausencia a causa de su fallecimiento. El padre es el encargado de instalar en la primera infancia del niño, el respeto a la autoridad, los límites y la aceptación de las leyes, y al no estar presente o ser anulado por la madre, al niño le costara más trabajo reconocer y aceptar límites.
Estudios científicos advierten sobre las consecuencias de la ausencia de la figura paterna, lo que llevó a que en Estados Unidos se creara la Iniciativa Nacional de la Paternidad (NFI), con el fin de realizar investigaciones sobre las causas y consecuencias de esta situación problemática. Si bien podemos modificar conductas a lo largo de la vida, seremos gran parte de lo que nuestro padre nos enseñe. Muchas veces, sin que él sea consciente de tanta responsabilidad, el padre suele ser el primer modelo de hombre, el primer formador de comunicación, el primer ejemplo de marido o pareja, el primer modelo de trabajo y vocación.
Esta es una ocasión propicia para agradecer a los padres biológicos, a los del corazón, a los que ya no están, a los que sueñan con serlo, a los que trabajan todos los días para lograrlo, y recordar una vez más lo que afirmaba el filósofo franco suizo Jean Jacques Rousseau (1712-1778): "Un buen padre vale por cien maestros”.
Esta es una ocasión propicia para revalorizar la figura paterna dentro del contexto familiar: no oponer a la madre sino complementar la figura de ambos en orden a la convivencia y la armonía.
