La titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, le recomendó a la médica cubana Hilda Molina "no juzgar a nadie", que se dedique "a disfrutar de su familia" en la Argentina y hacer "silencio" sobre temas políticos.

Carlotto salió al cruce de Molina quien cuestionó a las Madres de Plaza de Mayo por "reverenciar" al régimen castrista. Resulta insólito que la titular de las Abuelas, quien dice defender la libertad y los derechos humanos llame a Hilda Molina a callarse. Son los silencios los que permiten que avancen los regímenes dictatoriales. Estela Carlotto recalcó que si las Madres defienden al gobierno de Cuba es porque "cada uno tiene el derecho individual y de libertad de elegir una política". Pero no se debiera negar que la política elegida y ensalzada por las Madres es un régimen dictatorial, tan despreciable y digno de condenar como las dictaduras de derecha.

El único delito de Hilda Molina ha sido no pensar igual que Fidel Castro. Cuba fue su prisión, impidiéndole reunirse con los suyos en 15 interminables años. Ella sufrió una pena inexplicable no sólo por haber sido inhumana, sino también por haber sido absolutamente ilegal. Es vergonzoso que quienes levantan su voz para defender los derechos humanos, quieran ignorar que Cuba no cumple ni siquiera con los pactos básicos internacionales. Hasta ahora el régimen había violado la Declaración Universal de los Derechos Humanos que, en su artículo 13, dispone que toda persona tiene el derecho de salir de cualquier país, incluso del propio, y regresar a él.

El premio Nobel de Literatura Octavio Paz visitó España en 1937 durante la Guerra Civil para solidarizarse con los Republicanos. Cuando volvió en 1987, como testigo imparcial dijo que "la idea revolucionaria ha sufrido golpes mortales: los más duros y devastadores no han sido los de sus adversarios sino los de los revolucionarios mismos: allí donde han conquistado el poder han amordazado a los pueblos. Quisimos ser hermanos de las víctimas y nos descubrimos cómplices de los verdugos".

Hilda Molina no debe callarse. Ha sufrido demasiado como para que, ahora en libertad, alguien que dice defender los derechos humanos pretenda ordenarle silencio e impedir seguir desenmascarando al régimen de la mentira, de la opresión y de la humillación de la dignidad humana.