El Revisionismo Histórico fue un movimiento de cierta intelectualidad argentina de principios del siglo XX. Si bien tenían como fundamento revisar la historia oficial argentina liberal-mitrista, su objetivo principal era la reivindicación de Juan Manuel de Rosas.
El primer defensor de Rosas fue el salteño Carlos Ibarguren, autor de "Rosas y su tiempo". Este autor, nacionalista católico, defendía a ultranza el orden social existente en el interior del país que supuestamente continuaba el sistema colonial español, en oposición al constitucionalismo alberdiano, el cosmopolitismo porteño y a la inmigración europea. Ibarguren tuvo gran participación en el golpe de Estado de 1930.
Más adelante, José María Rosa reivindicaría La Vuelta de Obligado, único hecho rescatable de ese período de tiempo. Pero a través del recuerdo de esta batalla, se quiere mandar al olvido décadas de torturas, persecuciones y muertes sistemáticas.
El ataque a Sarmiento por parte de los revisionistas se debe a que estos buscaban una revalorización a ultranza de lo nacional, en contra del liberalismo "anglo-francés" y del internacionalismo socialista. Se buscaba en lo "autóctono" el mantenimiento del orden social supuestamente perdido por causas del constitucionalismo alberdiano y la educación laica sarmientina, de orígenes foráneos.
Arturo Jauretche, el gran filósofo del peronismo, se encargó de hacer del Revisionismo Histórico una doctrina "nacional y popular". Al igual que los elitistas del "30, orientó sus dardos contra los "doctorcitos porteños" de la Generación de 1937 y contra Urquiza, vencedor de Rosas en Caseros. También se encargó de publicar las cartas de Sarmiento en las que éste revelaba sus más oscuros pensamientos, como si esos escritos valieran más que las atrocidades de la tiranía de Rosas.
Pero, el vilipendio desmedido a Sarmiento tendría frenos. En 1941, Homero Manzi, quien había militado en FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina) junto a Arturo Jauretche, realizó el inolvidable film "Su mejor alumno", donde plasma a Sarmiento en su faz más humana. Una escena inolvidable, lo muestra discutiendo con un estanciero a quien le recrimina "querer fundar una aristocracia con olor a bosta", y de "deber su fortuna a la vehemencia de los toros y la fecundidad de las vacas", convirtiendo al gran sanjuanino en un irreprochable emblema antioligárquico.
La democracia en que vivimos hoy ha eliminado de hecho toda teoría elitista. Arturo Jauretche y el peronismo de la "Primera hora" se equivocaron al atacar a Sarmiento, ya que era un hombre de clase media que luchó contra la adversidad y la tiranía.
